ECONOMÍA

Protesta fiscal, gasto e inflación: Martín Krause

Hace pocos días, por primera vez los gremios argentinos realizaron un paro general contra las políticas implementadas por ambos presidentes Kirchner, Néstor antes y ahora Cristina. Es curioso que la gran protesta hiciera su centro en la carga del impuesto a las ganancias sobre los salarios de los trabajadores. Es que con una inflación anual que supera el 20% cada vez más son los que sobrepasan el mínimo para pagarlo. Los trabajadores, sin embargo, deberían mirar un poco más allá de este pedido específico.

En buena medida, todas las grandes transformaciones institucionales que han ocurrido en la historia, al menos la de occidente, son el fruto de una rebelión fiscal, o al menos esta ha sido un componente importante.

Según Edward Gibbon (The Decline and Fall of the Roman Empire), si bien fueron las invasiones bárbaras las que dieron fin al imperio romano, la verdadera causa de su extrema debilidad se explica por el aumento del gasto público, los controles a la economía y la degradación de la moneda durante el imperio de Diocleciano y la consiguiente y generalizada evasión impositiva.

Algunas historias que nos resultan familiares tienen un trasfondo de rebelión fiscal. Según Charles Adams (For Good and Evil: The Impact of Taxes in the Course of Civilization), lady Godiva se paseó desnuda sobre un caballo a través del pueblo de Coventry apelando a su marido para que redujera los impuestos que había introducido en el condado. Este, cansado de su insistencia, le dijo que solo lo haría si ella se paseaba desnuda.

Godiva obtuvo la eliminación del impuesto.

También es famosa la puntería de Guillermo Tell, quien disparara con su arco a la manzana sobre la cabeza de su hijo. En 1240, los cantones de Schwyz y Uri fueron liberados de las obligaciones fiscales con el sacro imperio romano, pero unos años más tarde los Habsburgos desconocieron la independencia de estos cantones y en 1273 enviaron a los recolectores de impuestos.

Guillermo Tell encabezó entonces la rebelión fiscal contra los recolectores de impuestos.

Las “cartas” que restringían los poderes fiscales eran muy comunes en la Edad Media. Pero, sin duda, la más importante de todas ellas es la Carta Magna. El rey inglés Juan sin Tierra tenía serios problemas fiscales. El Papa lo había excomulgado por apropiarse de tierras de la Iglesia, había sido expulsado del norte de Francia y su hermano, Ricardo Corazón de León, había sido secuestrado al regresar de las Cruzadas y se pedía un importante rescate por él. Juan incrementó el impuesto a la tierra (tallage) y el que permitía evitar el servicio militar a favor del rey (scutage), pero los barones lo enfrentaron en Runnymede, en las afueras de Londres, y lo obligaron a firmar la Carta Magna el 15 de junio de 1215.

Este documento se convirtió en un paso esencial para la evolución de la democracia moderna, fue el nacimiento de un incipiente parlamento, incluía buena parte de los que ahora llamamos “derechos humanos” y, para el caso, estableció esa ahora famosa sentencia “no taxation without representation” (no habrá impuestos sin que los voten los representantes).

Los trabajadores latinoamericanos deberían también condenar el elevado gasto público, ya que es el que lleva a estos altos impuestos y a la resistencia del Gobierno a reducirlos. Y también deberían reclamar contra la inflación que los empuja por sobre el mínimo.

Por último, y más importante, es esta una dura lección respecto a los límites al poder y la calidad institucional. Los gremios nunca se han preocupado por ello, pero lo que ahora motiva su protesta tiene su raíz en la ausencia de instituciones y límites al poder del gobernante.

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