ESTUDIOS SICOLÓGICOS

Psicópatas con poder: Juan Méndez S.

Como resultado de la catástrofe de Wall Street en 2008 y el subsiguiente descalabro de las economías de Estados Unidos y Europa, académicos de las más prestigiosas universidades del mundo se han lanzado a estudiar, entre otras cosas, el perfil psicológico de aquellos en gran medida responsables de la crisis financiera y económica mundial. En particular, de aquellos poderosísimos líderes de la banca, la industria, y los gobiernos.

En efecto, la literatura en esta materia ha proliferado, y aunque este artículo se enfoque en la obra de Clive R. Boddy (Corporate Psychopaths: Organizational Destroyers, Palgrave, 2011), el interesado en el tema no puede pasar por alto el trabajo de Paul Babiak y Robert D. Hare, Snakes in Suits: When Psycopaths Go to Work, HarperBusiness, 2007; y The King Rat and His Court: Lessons in Corporate Greed, BookSurge, 2009, por William Arthur Bruno y Eduardo del Río.

Ante los eventos de la crisis financiera, lo que principalmente ha despertado la curiosidad de los científicos, y los ha llevado a estos parajes del estudio formal, ha sido notar la manera perfectamente fría y sin el menor atisbo de remordimiento de conciencia como los líderes de las finanzas del mundo, tanto del sector público como privado, han dejado los platos rotos y salido de escena con cientos de millones en bonos y compensaciones. Cómo es posible, se preguntan, que estos dirigentes se presenten ante el mundo de la manera más desenfadada, fácil, con un discurso ligero e insincero, sin la más mínima compasión o empatía por todos aquellos que han quedado arruinados, en la calle, con sus vidas destrozadas como resultado de la fracasada gestión de estos personajes poderosos.

Estos hombres -y mujeres- parecen tener en común excusas alegres y rápidas que los desligan de toda responsabilidad por sus actos, una facilidad sorprendente de mentir de la manera más descarada, un gran poder para convencer y manipular, una total ausencia de arrepentimiento o sentido de culpabilidad, y ningún tipo de sentimiento por el daño causado. No obstante, estas personas suelen pasar tantas veces como individuos simpáticos y hasta encantadores.

Todo lo anterior son características típicas de un psicópata. Boddy señala a Robert D. Hare como el principal psicólogo investigador en materia de psicopatía, y su labor es aunar los probados conceptos de Hare al ámbito corporativo y político. Por tanto, define la psicopatía como un síndrome donde concurren una serie de características, que conforman el perfil del psicópata. Cualquiera sea la etiología del trastorno físico, biológico, ambiental –y lo más probable es que los tres elementos intervengan- lo aparente en el psicópata es el estado de subdesarrollo de su autocontrol y emociones, y que no exhibe rasgos de conciencia en términos éticos o morales.

Boddy, sin embargo, apunta que la ciencia más reciente sugiere disfunciones neurofisiológicas a nivel de las cortezas ventrolateral, orbitofrontal, y de la amígdala en el cerebro. Esto hace del psicópata una persona sumamente fría, extraordinariamente egoísta, y una potencial amenaza a la sociedad.

De hecho, se distinguen dos grandes grupos de psicópatas; aquellos que terminan en prisión y marginados por la sociedad, y los otros que se denominan “psicópatas corporativos”. Estos últimos, psicópatas corporativos o también denominados psicópatas exitosos, suelen perseguir posiciones de liderazgo por su relación al poder, influencia, prestigio y dinero. Según Boddy, Hare describe a estos individuos como “subcriminales” al haber desarrollado las destrezas sociales en un contexto social privilegiado o por su inteligencia, y que les permite pasar inadvertidos por las autoridades. Además, suelen ocupar posiciones de cuello blanco, o actividades éticamente cuestionables o legalmente marginales.

Estas personas, al ser insinceras, arrogantes, manipuladoras, inescrupulosas, abusivas, erráticas, impacientes, dramáticas, despiadadas, autocráticas, parasíticas, implacables, inestables, informales, superficiales y de poco fiar, acaban corroyendo el ambiente de trabajo, destruyendo a otras personas, y llevando la organización al despeñadero. Después, con la mayor tranquilidad, culpan a otros y se desvinculan de los hechos sin el más mínimo remordimiento.

Boddy y otros hombres de ciencia preocupados han desarrollado herramientas para medir en las personas los grados de psicopatía (Psycopathy Measure-Management Research Version, (Boddy 2009). Además, en su obra mencionada al principio de este escrito, se ofrece una interesante serie de cuadros y tablas que ayudan a la identificación de estos individuos. Está de más señalar que su trabajo es prolijo en su ciencia y métodos de investigación.

Todo lo anterior me hace recordar una anécdota que oí hace años de un amigo psicólogo. Me contaba que trabajando para una institución pública le tocó pasar una serie de pruebas psicológicas a unos funcionarios. Uno de los examinados mostraba en los resultados preocupantes señales de desorden de la personalidad. Siendo la posición que este señor ocupaba de alguna responsabilidad, mi amigo decidió asegurarse y pasarle otras pruebas. Los resultados, los mismos.

Aún sin atreverse a escribir un informe que podría perjudicarlo, mi amigo llamó a una persona de su confianza con quien el funcionario había trabajado. Mi amigo le preguntó: “Oye, dime, tú acaso conoces a Fulano de Tal?” Y su interlocutor le contestó: “¿A quién? ¿A Loco Suelto?”

Dicen que cuando el río suena es porque piedras trae. Yo, como panameño, me quedo pensando en lo útil que sería aplicar estas modernas herramientas de evaluación del material humano a la hora de escoger a quienes ocuparían posiciones de poder en nuestro ámbito corporativo... y en el público. Sobre todo en el público.

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