RIESGOS Y AMENAZAS

Razones poco conocidas de la invasión: Julio Yao Villalaz

Además de las razones conocidas –en los Documentos de Santa Fe, por ejemplo– la invasión del 20 de diciembre tuvo motivos poco conocidos. El presidente Ronald Reagan eliminó al general Omar Torrijos y al general Manuel A. Noriega porque, desde 1977, ambos acordaron pactos con Japón (declaraciones conjuntas presidenciales) para la factibilidad de un canal a nivel. Reagan era el enemigo público número uno de las negociaciones del Canal.

Torrijos fue eliminado el 31 de julio de 1981, tras grandes presiones directas de Bechtel Corporation (ver: John Perkins, Confesiones de un Sicario), para que cortara sus relaciones con Japón, representado por Shigeo Nagano. El atentado ocurrió siete meses después de la llegada al poder de Reagan, el 31 de enero de 1981, y dos meses después (mayo) de la eliminación por la misma vía del presidente Jaime Roldós de Ecuador, en cuyo helicóptero murieron varios generales y miembros de la familia presidencial...

La posibilidad de que Japón dominara el proyecto canalero era un reto a la vieja política canalera de Estados Unidos, proclamada al mundo en 1880 por el presidente estadounidense Rutherford Hayes, la que advertía a Francia, Inglaterra y Colombia o Nueva Granada, que jamás un canal interoceánico por el istmo centroamericano, particularmente en Panamá, podría ser controlado por otra potencia que no fuera Estados Unidos. Esta era una ampliación de la Doctrina de Monroe, de 1823, que estuvo dirigida a Europa, específicamente a la Santa Alianza.

La Comisión Japón-Panamá, que era bilateral, fue presionada para incluir a Estados Unidos a objeto de que Washington monitoreara y controlara la nueva Comisión Tripartita para Estudios de Alternativas al Canal. Washington boicoteó el funcionamiento de la Comisión Tripartita al no designar a su representante. El período de la Comisión Tripartita coincidió con la agresividad de Reagan contra Panamá y con el inicio de la crisis preinvasión, que arrancó en 1985. Cuando la Comisión Tripartita adoptó las conclusiones del “estudio” en 1992-1993, ya la invasión había hecho tabla rasa de nuestro país y de las Fuerzas de Defensa. Fue en Atlapa donde el embajador de Japón protestó airadamente en contra de las conclusiones de la Comisión, que optó por el tercer juego de esclusas, señalando que había sido fraguada por Estados Unidos y el régimen de Endara, sin dar consideración debida al proyecto del canal a nivel. La invasión pulverizó el objetivo de Japón de establecer en Panamá su cuartel de negocios para toda América Latina. Las principales empresas japonesas se retiraron, a regañadientes, y sus depósitos bancarios, que eran los más importantes, se fueron al suelo.

Quien esto escribe hizo una investigación de campo –que duró cuatro años– sobre la invasión, que me permitió recopilar miles de testimonios. El apartamento donde vivía fue “visitado” en dos ocasiones. La primera vez no hurtaron dinero, pero sí una cámara Nikon F2S y dejaron en perfecto orden algunos documentos personales sobre una mesa (primera advertencia).

La segunda vez, cinco individuos –tres rubios y vestidos con saco y corbata– bajaban rápidamente las escaleras con “patas de cabra” y otros implementos a la mano, justo en el momento en que yo regresaba de improviso.

Abajo, en la puerta principal había otra persona con un walkie-talkie, quien de seguro les avisó que yo venía súbitamente. Encontré la puerta de entrada al apartamento bastante destruida, pero no lograron entrar. Los seis huyeron por una cerca de malla colindante.

La tercera vez que sufrimos una nueva visita fue (1993) en las oficinas de Serpaj-Panamá, en Río Abajo, de donde hurtaron fotocopiadoras, equipos, libros, archivos y expedientes sobre casos de la invasión, en horas de la madrugada. Afortunadamente yo había puesto a salvo mi computadora días antes.

Algunos lectores recordarán el incidente del 2 de noviembre de 2009, cuando mi discurso en el Mausoleo a los Soldados de la Independencia fue interrumpido, violentamente, por el entonces vicepresidente y canciller, Juan Carlos Varela, y que al día siguiente, 3 de noviembre, varios individuos destruyeron tres puertas de hierro de mi casa para llevarse dos laptops que tenían empacadas, se llevaron dinero y otra cámara fotográfica, no sin antes forcejear con mi familia, pero abandonaron las computadoras.

Llega un momento en que la lucha por recuperar memoria histórica e identidad implica riesgos y amenazas. Estimo que los panameños debemos admitir que no siempre nuestra verdad es la verdad y que debemos descubrirla en su integridad para que tengamos memoria y conciencia para forjar un mejor país para todos. Aquí se experimentaron armas y equipos de tecnología avanzada; y si bien la invasión no era necesaria para llevarse a Noriega, sí fue útil para anunciar el nuevo orden mundial tras la Guerra Fría.

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