PERDONAR

Remedio contra el resentimiento: Marcelino González T.

El resentimiento es frecuentemente el principal obstáculo para ser feliz, porque amarga la vida. Suele ser un trastorno muy común. El acto más importante para resolver el problema del resentimiento es el perdón. Para Max Scheler “el resentimiento es una autointoxicación psíquica” (El resentimiento en la moral, Caparrós Editores, Madrid 1993, p. 23), esto es, un envenenamiento de nuestro interior, que depende de nosotros y que suele aparecer como reacción a un estímulo negativo que se presenta en forma de ofensa o agresión. Evidentemente, no toda ofensa produce un resentimiento, pero todo resentimiento va siempre antecedido de una ofensa.

La ofensa que causa resentimientos puede presentarse como acción de alguien contra mí, en forma de omisión o como aplicable a las circunstancias (la situación económica personal, algún defecto físico, enfermedades que se padecen y no se aceptan, etc.). En cualquiera de estos casos, el estímulo que provoca la reacción de resentimiento puede ser juzgado con objetividad, con exageración, o ser incluso producto de la imaginación. Estos cambios muestran en qué medida el resentimiento depende del modo como se juzguen las ofensas recibidas y explican el que muchos resentimientos sean completamente gratuitos, porque dependen de la propia subjetividad que aparta de la realidad, exagerando o imaginando situaciones o hechos que no se han producido o no estaban en la intención de nadie.

El resentimiento es un efecto reactivo ante la agresión, de tono negativo. Consiste en la respuesta ante la ofensa. Y esta respuesta depende de cada quien, porque la libertad nos confiere el poder de orientar nuestras reacciones. Quien está resentido se siente herido u ofendido por alguien o por algo que influye contra su persona. Y es sabido que el manejo de los sentimientos no es tarea fácil. Unas veces no somos conscientes de ellos, con lo que pueden estar actuando dentro de nosotros sin que nos demos cuenta, mientras que otras el resentimiento queda reforzado por razones que lo justifican, cuando el sujeto no solo se siente herido, sino que se considera ofendido.

Ahora bien, perdonar es el principal remedio contra el resentimiento. Perdonar es la manifestación más alta del amor y, en consecuencia, es lo que más transforma el corazón humano. Cuando perdonamos nos liberamos de la sumisión producida por el odio y el resentimiento, para recobrar la felicidad que había quedado bloqueada por esos sentimientos. Si no se perdona, el amor se enfría o puede convertirse en odio; y la amistad puede perderse para siempre. Además de estos motivos humanos para perdonar, hay razones sobrenaturales, que hacen posible perdonar ciertas situaciones extremas para las que los argumentos humanos resultan insuficientes. Dios nos ha hecho libres y, por tanto, capaces de amarle o de ofenderle mediante el pecado. Si optamos por ofenderle, él nos puede perdonar si nos arrepentimos, pero ha establecido para ello una condición: que antes perdonemos nosotros al prójimo que nos haya ofendido. San Juan Crisóstomo llega a decir: “nada nos asemeja tanto a Dios como estar dispuestos al perdón”.

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