MALESTAR INTERNO

Réquiem por el Partido Panameñista: Alfredo Arias G.

Los otrora partidos liderizados por el doctor Arnulfo Arias Madrid agrupaban mayoritariamente a las bases populares de este país. El doctor las cultivaba, pero ahora nadie las visita y las tienen en el olvido. Su fortaleza estaba en que muchos miembros de las bases no daban la cara por temor a las persecuciones, pero la sorpresa la daban el día de las elecciones.

Hoy los tiempos han cambiado, la doctrina y símbolos han sido reemplazados o desaparecidos. Ya no ondean como antaño las banderas tricolores en los techos de las casas ni en la cumbre de los árboles, como un desafío y reto a los gobiernos de turno, reafirmando así solidaridad con el partido.

La dirección utiliza o se vale de la sombra e imagen del doctor Arias recordando el glorioso pasado de sus partidos, hoy Partido Panameñista, para apelar a la vieja membresía e incorporar a personajes de cuello blanco, a los cuales incorpora al CEN, sin que ellos tengan el menor roce con la membresía popular o de antaño. Son personas anodinas ante nuestras bases y sin ninguna trayectoria, como es el caso del actual presidente encargado, Carlos Dubois, y de Ramón Fonseca Mora, quien se separó del cargo por problemas profesionales. Muchos de los nuevos adherentes son parte del círculo íntimo “cero” del actual mandatario. Solo figuran dos ministros panameñistas-arnulfistas, Alcibíades Vásquez y Álvaro Alemán H.

Pudiera pensarse que el voto cautivo de los 216 mil votantes panameñistas, que representaron el 30% de la votación, no fue tomado en consideración, sino que tuvo más peso el voto de los independientes, de los descontentos y de aquellos empresarios que dieron un cuantioso apoyo económico, temerosos de la glotonería del expresidente Ricardo Martinelli, así como también los fondos aportados por el abogado que, según los comentarios en la calle, nos metió en el lío de los Panamá Papers.

Los viejos adherentes se quejan de que no tienen acceso ni siquiera a un puesto de aseador o portero, que es más fácil para los miembros del Partido Revolucionario Democrático conseguir un trabajo, y que aquellos funcionarios que pudieran ayudarlos no mueven un dedo, porque no conocen a los verdaderos panameñistas. En fin, no hay cabida para los “huesos viejos”.

El próximo mes de junio se escogerán a los nuevos convencionales para que, posteriormente, elijan a los nuevos directores distritales y nacionales. Ya se dice que el nuevo presidente será el diputado Popi Varela, quien tiene méritos y es de reconocida trayectoria, por quien a lo mejor yo votaría, pero es que no se trata de una dinastía, hay que darle oportunidad a otros, aunque no sean de cuello blanco.

A las bases de nuestro partido las han acostumbrado a votar en fila india, cual rebaño de ovejas guiadas por un pastorcillo. Eso debe cambiarse y someter los puestos de elección a una lid y debate público, como lo hace el PRD, partido al que siempre criticamos por su rol en el pasado.

Los miembros del Directorio Nacional debieran ser personas de transparencia pública y moral, sobre todo, reconocidas e identificadas ampliamente por la población nacional –no imponer a personas anodinas–, para evitar que suceda lo que ocurre con los dos últimos presidentes encargados. Para evitar todas estas situaciones el partido debe someterse a un exorcismo con mucha agua bendita.

Nuestro partido, por su arrastre popular, ha sido y es un imán para aquellas personas ávidas de figurar en la palestra pública y lo que ello significa; se inscriben, arropándose bajo la sombra de Arnulfo Arias Madrid, para cumplir con sus aspiraciones.

Hasta ahora el partido ha sobrevivido por la vida y memoria del doctor Arias, ahora la pregunta es: ¿Sobrevivirá en el futuro? ¿Lo afectará el escándalo mundial de los Panamá Papers que apunta hacia uno de los vicepresidentes del Partido Panameñista.

No pertenezco a ningún bando dentro del colectivo político, sencillamente, soy un soldado raso con profundas raíces panameñistas, porque el doctor Arias fue mi tío, padrino de bautismo y tutor. De forma que siento un profundo dolor por lo que está sucediendo en el partido, al que mi alma, corazón y parte de mi vida han estado muy ligados.

Por todo esto y, como decía el doctor Arias, en política hay que recoger a los pollitos desperdigados y sumarse a una cruzada por la reestructuración de nuestra agrupación, tomando en cuenta a los viejos copartidarios, a las nuevas almas puras, retomar nuestros símbolos y luchar para que el Partido Panameñista vuelva a tener vigencia popular con credibilidad.

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