MALTRATO CIUDADANO

Retenes, terrorismo policiaco: Manuel Vidal Fuentes Méndez

Endara los eliminó, el Toro los reintegró, la alucinada Mireya los continuó, Martín los reverenció pero, ahora el emotivo de Valley Forge, con su estalinista premier y par del tránsito, los han tornado endémicos. Por doquier los retenes policiacos en las vías, decididos y controlados antojadizamente por gendarmes de cualquier rango, excusados en la desbordante criminalidad que sus incapacidades y deficiencias impiden prevenir y reprimir. Desde luego que no han pensado en estacionarlos a la salida de los supermercados, en donde es iluso pensar que no asisten delincuentes.

Los retenes causan agobios, temores y perjuicios a la mayoría de los ciudadanos honestos. Los gendarmes amargados o ceñidos de acomplejado poder omnipotente, sin importarle las largas filas vehiculares y demoras, se dan con recrudecido rostro al desenfrenado acecho de ciudadanos, habidos de un aterrador rifle de guerra o escopeta apuntando a ras, pues para ellos todos son potenciales sospechosos de actividades criminales o desacatadores de boletas del tránsito.

Avenidos a la tesis de Lombroso sobre las características somáticas de los delincuentes, sin consideración al derecho al libre tránsito y debido proceso, paran, interrogan, amedrentan, revisan el vehículo, pertenencias y hasta corporalmente; sin que falten los que rapazmente están al atisbo de víctimas para la coima.

No existe reglamento que dicte las atribuciones y limitaciones en esos retenes, lo cual torna en la indefensión a los ciudadanos frente al desmedido incremento de los atropellos y extorsiones en esos operativos, y es que los partes de los policías reciben de las autoridades civiles ciega veracidad. Cualquier objeción ciudadana, anima la boleta e incluso el cargo de irrespeto a la “autoridad”.

Si bien el Ejecutivo instruye o aprueba los retenes, desconoce la forma en que estos están funcionando; simplemente, se contenta de la presunta eficacia que le transmiten los informes policiales sobre logros que en suma son apócrifos. Lejos de la ociosidad policiaca de los retenes, existen medidas y estrategias más eficaces en la prevención y represión de los delitos, pero ello requiere de una coordinación y dirección científica de la Policía y Ministerio Público. Y es que ambos andan por su lado, aunque la Policía recriminándole la soltura de sus detenciones.

Los retenes generan la fabricación de modalidad delictiva, así vemos que se han dado secuestros y robos en disfrazados retenes donde, incluso, han sido partícipes policías. A diferencia de nuestra abúlica Corte Suprema, la Constitucional de Costa Rica, citando sentencias extranjeras, ordenó al ministro de Seguridad Pública: Realizar retenes solo cuando exista indicio comprobado de un delito o noticia criminis; y abstenerse de incurrir, nuevamente, en los hechos que dieron fundamento a la estimatoria del recurso.

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