REVOLUCIÓN CULTURAL

Retomar la vida sin prisas: Bertilda Herrera Anria

Hay algo más importante que ir rápido, eso fue lo que propuso el Movimiento Slow en un festival que reunió hace poco a gente de todo el mundo y que tuvo lugar, precisamente, en Nueva York, una de las ciudades más agitadas del planeta. Durante cuatro días los participantes pasaron en una especie de inmersión entre, música arte y meditación.

Se trata de una tendencia global en alza que surgió como contrapartida a la rapidez y la aceleración, características de las grandes ciudades, en las que la prisa nos impide disfrutar de la conexión con el entorno y otras personas.

Por ser Nueva York una urbe intensa y tan caótica es que ese movimiento está tomando fuerza entre los grupos de artistas locales. Es en realidad un rescate de esa onda hippie de la década de 1960. La filosofía de vida slow incita a las personas a que disfruten de las cosas, desacelerando el ritmo con el que vivimos, mediante una revolución cultural contra la idea de que más rápido siempre es mejor.

Claro que hay un prejuicio muy fuerte contra la lentitud en la sociedad, siendo sinónimo de improductividad, pereza y aburrimiento, consideradas por muchos como acciones negativas. Sin embargo, la llamada filosofía slow incentiva a hacer las cosas a la velocidad adecuada, saboreando las horas y los minutos. En definitiva, se trata de emprender nuestros deberes con calma, calidad y cariño.

Es básicamente un estado de ánimo que nos ayuda a ser más sanos, a tener más energía y a estar menos agobiados. Así disfrutaremos de las cosas que hacemos, ya sea en el trabajo o con los amigos y familiares.

Los beneficios son tanto para el individuo como para la gente que lo rodea, pues se logra una sociedad más solidaria al tener tiempo para los demás, para sonreír y saludar, y eso genera “buena energía”. Una de las desventajas de la cultura de la prisa predominante es que todos andamos frustrados.

Muchos lo verán como un lujo, pero para los seguidores de este estilo de vida es realmente un derecho. Es una necesidad básica humana disminuir la velocidad y controlar el tiempo, dando prioridad a las actividades que aporten al desarrollo personal. Dormir bien, comer sano, practicar algo de ejercicio físico y no saturar la agenda de actividades parece una secuencia lógica para empezar a vivir más lento. Además, hay que sacar tiempo en la agenda para practicar algún hobby, tener un encuentro con amigos o para no hacer nada.

La adicción a la “velocidad” hace que seamos intolerantes con la espera. Hay que saber reconocer el momento para darse prisa y correr, si el tiempo apremia; igual que identificar los ratos para relajarse, detenerse, respirar hondo y disfrutar con calma de cada experiencia.

Si bien el Movimiento Slow propone vivir sin prisa, esto no implica que siempre se debe actuar así. Quienes lo impulsan reconocen que hay momentos en que ciertas actividades han de realizarse con celeridad. El secreto está en el equilibrio.

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