INEFICIENCIA

Reyes de la ‘banana republic’: Juan Manuel Muñoz

Recuerdo que en algún momento, fuera de Panamá, alguien en Europa me preguntó si Panamá era una banana republic. En el momento, uno puede asociar el término solo con la producción de guineo, como rubro importante, pero este tiene mayores implicaciones.

El término fue acuñado por el escritor estadounidense O. Henry, para referirse al sistema institucional primitivo, tipo feudal, propio de los países centroamericanos a finales del siglo XIX.

A partir de ahí, ha sido empleado de forma peyorativa, para referirse a los países primitivos, política y económicamente, en los que hay una élite que explota a la gran mayoría empobrecida de ciudadanos, con toda la inestabilidad política que esto conlleva. Ese es el sistema propio de las dictaduras o de los gobernantes autoritarios y corruptos (como algunos que hemos conocido), que se imponen, e imponen sus intereses en la toma de decisiones y que eliminan, en lo posible, tanto la participación de los ciudadanos, como los mecanismos e instituciones para el control y la rendición de cuentas.

Aquella pregunta me dejó la inquietud sobre cómo estamos conduciendo nuestro país. Siempre es más fácil culpar a cada uno de los que han estado en la lista de gobernantes, pero veamos, a menor escala, a nuestro alrededor, a las diferentes unidades, direcciones, ministerios, inclusive, a la empresa privada: ¿Los panameños funcionamos, culturalmente, en base a méritos? ¿Le damos iguales oportunidades a todos los competidores para estimular la innovación? ¿Reconocemos el esfuerzo, el estudio, el trabajo y la creatividad? ¿O, sencillamente, funcionamos como una banana republic?

El sector público, en general, ¿funciona como un sistema en el que cada uno de los empleados que se capacita y esfuerza para dar atención de primera al usuario es recompensado? o ¿se le da algún tipo de incentivo y motivación? ¿O todavía tenemos pequeños reinados, con reyes apadrinados por la influencia, el amiguismo y el parentesco, quienes imponen sus intereses propios por encima de la institución en la que laboran y por encima de los intereses de los usuarios?

Si a usted, respetado lector, le parece que Panamá es similar a Singapur, por sus rascacielos y puertos, lamento decirle que Singapur es el tercer país con mayor producto interno bruto per cápita, y que dista mucho de la posición 57 que ocupa nuestro amado país.

Claro, pero hay grandes diferencias que van más allá de la infraestructura. Por ejemplo: Singapur opera con la meritocracia como un principio fundamental de su sociedad y, por consiguiente, de su gobierno. Se basa tanto en el mérito, que se ha convertido en el típico ejemplo de tal sistema. Esto ha estimulado la educación que se imparte en ese país, hasta convertirla en una de las mejores del mundo.

La meritocracia y el respeto a la institucionalidad se enseñan desde la familia, en lo más íntimo de un hogar, lugar en el que los padres les deben enseñar a sus hijos que las cosas cuestan; que hay que trabajar, esforzarse y competir toda la vida para alcanzar metas propias y obtener las cosas.

Esa enseñanza, junto a los ejemplos de esfuerzo, creatividad y competencia para alcanzar el éxito, son la base de la institucionalidad política y económica de todo país exitoso.

No es secreto que muchos panameños aún ven a los gobiernos como “agencias de empleo”, en las que se nombra tomando en cuenta el amiguismo o los favores políticos. Esto va asociado a la falta de una clara ley de carrera administrativa, que apele a la selección e incentivo de los panameños más capacitados para ejercer cada función en el sistema público. No ha sido una novedad de este gobierno, pero es una costumbre que debe ser eliminada.

¿A quién no le gustaría ver más panameños ocupando cargos de toma de decisiones, con base en sus méritos?

Nuestra mentalidad debe cambiar, porque los resultados de las personas menos capaces no son óptimos y, además, esto desmotiva al resto de los trabajadores y creativos. También se retrocede en el cumplimiento de una agenda de Estado, si cada cinco años los gobernantes cambian al personal por motivos políticos o buscando su conveniencia, no el beneficio del país.

Al final, ¿qué queremos hacer de Panamá? ¿El país de la meritocracia o una banana republic? ¿Será que el honor de ser el país más feliz del mundo se puede traducir en ser la nación más conformista del mundo? @juanmmunozc

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código