ECOSISTEMA

Ríos maltratados: Carlos Guevara Mann

Días atrás, el noticiero de la Radio Nacional incluyó un reportaje sobre los niveles de contaminación del río Chucunaque, en la provincia del Darién. El informe daba cuenta de problemas con el suministro de agua potable, lo que había obligado a los moradores del área a abastecerse del río y sus afluentes, los cuales –de acuerdo con el reportaje– presentan elevados niveles de polución.

En las cercanías del río se encuentra la laguna de Matusagaratí, el humedal interior más grande de la República, un ecosistema fundamental para el sostenimiento ecológico de la zona. La laguna es un área protegida –se encuentra dentro de la Reserva Hidrológica del Filo del Tallo–, pero en años recientes ha sido sometida a graves depredaciones, sobre todo a partir de la desecación y titulación de tierras para su privatización y posterior destino a usos agropecuarios no sostenibles.

El 19 de diciembre de 2011, una nota en La Prensa alertó a los lectores acerca de la pérdida de vegetación y especies animales –incluyendo crustáceos y otras que forman parte de la dieta tradicional de los pobladores del área– a partir de los drenajes realizados, las alteraciones del ecosistema, los rellenos, las quemas constantes y la aplicación descontrolada de plaguicidas. A la laguna, según la nota, “le quedan pocos años de vida, porque al este tiene inmensos canales de drenaje para secarla y sembrar arroz y otros productos, en tanto que al norte, sur y oeste se han invadido y comercializado grandes extensiones” de tierra, “que han sido deforestadas”.

En la actualidad, la contaminación no solo afecta las fuentes de agua que atraviesan áreas urbanas –donde hay una larga historia de agresión contra los ríos– sino que alcanza a muchas áreas selváticas y rurales del país, incluyendo a regiones como Darién, la provincia de menor densidad de población (4.1 habitantes por kilómetro cuadrado, según el censo de 2010).

Otras partes rurales y semirrurales presentan problemas de calidad de agua a partir del deterioro medio ambiental. En el otro extremo de la República –en el distrito de Barú, provincia de Chiriquí– varias comunidades se quejan de la turbiedad y mal sabor del líquido que distribuye el acueducto de San Bartolo, lo que obliga a sus moradores a comprar agua embotellada (La Prensa, 26 de marzo).

La polución de las fuentes hídricas es un asunto que requiere atención urgente y debe emprenderse como parte de una gestión integral que, evidentemente, incluya la conservación del medio ambiente. Así lo manifiesta el cuarto informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo, subtitulado La gestión del agua en un contexto de incertidumbre y riesgo, presentado el 12 de marzo en el Foro Mundial del Agua en Marsella, Francia.

Emprender la gestión integral requerida, sin embargo, nos enfrenta a importantes retos institucionales. En América Latina, señala el informe: “Se observa una incapacidad general para crear instituciones capaces de enfrentar la gestión del agua en condiciones de escasez y conflicto. La situación no mejora debido a la debilidad de las instituciones de gestión, a una capacidad de acción insuficiente, a la informalidad, a la ausencia de autofinanciamiento y la consiguiente dependencia de un apoyo político cambiante y a la falta de información fiable en la mayoría de las áreas relacionadas con la gestión del agua, incluido el recurso en sí, sus usos, sus usuarios y las necesidades futuras”.

Durante años, los panameños hemos tratado a los ríos como vertederos y abusado impunemente de sus riberas y cuencas. Nuestra naturaleza es rica y abundante en vegetación, fauna y fuentes de agua, pero el maltrato a que la hemos sometido ya comienza a agotarla, con consecuencias cada vez más evidentes, sobre todo en términos de la condición del agua disponible para el consumo humano.

Al respecto, el informe de la ONU sobre recursos hídricos destaca algo que por obvio no resulta menos desafiante: “El agua contaminada no se puede utilizar para beber, bañarse, usos industriales o la agricultura ... El agua de mala calidad daña la salud humana y degrada los servicios de los ecosistemas”.

Quiera Dios que no tenga que ocurrir una catástrofe como la inundación de finales de 2009 antes de que nos decidamos a cambiar nuestras costumbres depredadoras por hábitos sostenibles al respecto de las fuentes de agua y el medio natural en que están insertas.

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