RESCATES FINANCIEROS

Robos legalizados por el sistema: Mauro Zúñiga Saavedra

Si usted recibe dinero que no es suyo, solamente con la finalidad de ser un intermediario para una finalidad futura: entregárselo a otra persona o a un grupo o pagar una deuda con ella; pero usted decide quedarse con él, sin dar razón de nada a sus legítimos dueños, ¿cómo quedaría usted ante la sociedad?

No hay la más mínima duda de que será considerado como un ladrón.

Ese comportamiento choca con las buenas costumbres, esa manifestación de cultura y elegancia, elementos esenciales que hacen que mantengamos el respeto a las personas con las que nos relacionamos.

El ladrón descubierto por la policía, que es consciente de que cometió un agravio, tiende a esconderse de los medios de comunicación social y de la sociedad. Siente pena y termina deprimido y derrotado.

Es un ladrón común que cometió un robo particular; pero, ¿cómo se le llamarían a los altos ejecutivos del Gobierno y de los bancos que actúan de una manera similar en las esferas superiores?

Cuando el diario USA Today cuestionó a los bancos sobre el uso que estaban haciendo del dinero para el rescate, a mediados de diciembre de 2008, la irritante pregunta recibió respuestas despreciables.

JP Morgan Chase, que recibió 25 mil millones de dólares en dinero de los contribuyentes, respondió: “No le hemos revelado eso al público, nos negamos a hacerlo”. Morgan Stanley, un banco que obtuvo 10 mil millones, señaló: “No contestaremos esa pregunta”. El Banco de New York Mellon dijo: “Hemos decidido no revelar esa información”.

Algunos autores, como Robert Kiyosaki, consideran que “el rescate bancario fue en realidad un rescate entre amigos ricos y, con él, se cubrieron los errores de mucha gente y un fraude muy obvio”. Su conclusión lapidaria: “El rescate no era para salvar la economía”.

Un artículo de The Wall Street Journal, del 26 de enero de 2009 e intitulado “Los grandes bancos de Estados Unidos prestan solo gotas”, da en el clavo. Basado en un estudio bancario realizado por el propio periódico, “10 de los 13 enormes beneficiarios del programa TARP (del Departamento del Tesoro) presenciaron un declive en sus balances de préstamo por un total de 46 mil millones de dólares, o 1.4%, entre el tercer y cuarto trimestres de 2008”.

¿Declive? ¿Cómo puede haber declive si acaban de recibir 148 mil millones de dólares en dinero de los contribuyentes que, gracias al TARP (Programa de Alivio para Activos en Problema), los bancos habían recibido con la promesa de que estimularían los préstamos? Esto se llama capitalismo clientelista.

Fue una vulgar transferencia –o conversión diría– de “dinero público” a “dinero privado”, y ya en este campo sus nuevos dueños no tienen alguna obligación de ningún tipo de dar explicación alguna a nadie. Pregunto que si estos “amos del mundo” sabrán algo del concepto de moralidad pública, si ellos deben tener deberes para con la misma sociedad en la que viven, para con su nación, para la patria y el Estado, o están amparados por la ley para seguir tomando estas cobardes iniciativas cada vez que se presenten situaciones similares. ¿No se trata de un robo legal?

Obviamente, hay algo oculto detrás del supuesto rescate financiero, y dudo mucho de que los que manejan y entienden el capital financiero quieran que el ciudadano común aprenda la tan cacareada educación financiera. No querrán ver la cara de sorpresa de los ciudadanos del mundo, cuando vayan despertando del letargo al ir descubriendo que los rescates solo cubren “los errores de mucha gente” y es “un fraude muy obvio”.

Si los rescates financieros, tal como están concebidos, forman parte del ordenamiento jurídico de un país, mantener el orden público no es más que conservar los caprichos de las élites.

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