COMPROMISO CIUDADANO

Ruta 2014: El 4 de mayo y el yo: Domingo M. González

La teoría del análisis transaccional de Eric Berne envuelve una transacción entre los estados del yo, que poseen todas las personas. El estado padre del yo, el estado adulto del yo y el estado niño del yo. Según Berne, la conducta crítica y nutricia procede a menudo del estado padre del yo. El raciocinio y la solución al problema, al estado adulto del yo. La alegría, regocijo, risa y estado rebelde provienen del estado niño del yo. Creo que a Berne le faltó establecer que el soborno, perversión, depravación y vicio proceden del estado corrupto del yo, y no necesariamente observado del padre, más bien adquirido del medio ambiente.

¿De los estados del yo citados, cuál cree el más desarrollado en gran parte del electorado panameño? Mi respuesta es el estado niño del yo, así como el estado corrupto del yo. Al igual que el endeudamiento, que nos heredó el PRD en el ocaso de la dictadura, entender hoy, el descomunal endeudamiento que nos hereda Martinelli en el ocaso de la autocracia, es asunto que debe incumbir al estado adulto del yo de toda persona y pareciera que no lo es.

¿La relación entre el júbilo que se apodera del niño con la llegada del “parque de diversiones” y sus aparatos mecánicos a estrenar, y el regocijo fantasioso del pueblo, ante el manipulador y sometedor espectáculo ofrecido por Martinelli, en su apresurada y temeraria inauguración del cacareado Metro, no deja evidente al estado niño del yo de quienes participan?

¿Y qué del estado corrupto del yo en esa multitud? ¿La indiferencia de esta, frente al elevado costo del Metro, y la superflua cinta costera I, II y III, aparte del desprestigio al que ha llevado al país, la probable participación de corrupción internacional del capo, no hace evidente la existencia concatenada del estado corrupto del yo de esta multitud, con el correspondiente de la autocracia? Sin duda alguna, las loas de la multitud, sostenidos en el estribillo: “Todos roban, pero este hace algo”, descubre su idiosincrasia. Esto tienen en contra las obras de los hogares, escuelas e iglesias.

Y como las cosas entran por los ojos de muchas personas y no por el razonamiento del yo adulto, no advierten como indignante, ver como su hacedora autocracia les “resuelve” con dádivas momentáneas, abusando de la miseria económica que padecen, hasta llevarlas a la indigencia moral. No promover el amor al trabajo y el hábito de estudios, fomentando por el contrario a los “ninis”, como propone el candidato del titiritero, fortalece esta indigna costumbre.

No obstante, lo cierto es que el 4 de mayo próximo, el electorado decidirá quién gobernará la República durante el próximo quinquenio, evento que lo obliga a transigir sus cuatro estados del yo, y despejar el de los candidatos, para una correcta elección.

Estará en juego ese día el auténtico rescate de la institucionalidad democrática, que tan caro tuvo el pueblo que pagar. Los actos de los candidatos, miembros y partidos, que demuestren fehacientemente su protagonismo en defensa de la democracia del país, son determinantes para ese estado adulto del yo del elector aún dormido.

Nación, nacionalidad, auténtico nacionalismo y traiciones a este, aunque omisos por los candidatos, deben ser considerados y observados en la historia de estos, como de sus partidos. La probidad demostrada por los candidatos, en el deseo popular por eliminar la corrupción gubernamental, es también importante considerar. Aquí no tiene espacio el yo corrupto si queremos vivir y dejar a nuestros hijos y nietos un Estado nacional decente, que se eleve al Estado político. Establecer cuál candidato, tiene real intención –en un Estado de derecho– de “devolvernos el país” en manos de la corrupción, delincuencia y narcotráfico es preciso.

No creo que aquellos que mantienen en su bandera partidaria el nefasto 11 de octubre y que, con natural desparpajo, irónicamente se proclamen defensores de la institucionalidad democrática después de pisotearla durante 21 años.

Respecto al candidato del titiritero y su vice, tal vez podamos esperar el establecimiento de una dinastía. Un hospital con el nombre del autócrata, una marioneta como candidato, y su consorte como vice, como actos narcisistas, tal vez lo lleve a repetir lo actuado por el dictador dominicano Leonidas Trujillo, cuando puso a la “Ciudad Trujillo”, como capital de la República Dominicana. Si tu voto contribuye a instalar la dinastía que propone Martinelli, tal vez la capital de Panamá pudiera ser: “Ciudad Ricamar”. El 4 de mayo la patria espera mucho de sus buenos hijos.

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