VOZ DE ALERTA

Ruta 2014: El neofascismo panameño: Moisés Pinzón Martínez

Desde que adquirimos consciencia de vida colectiva, hace cientos de miles de años, fuimos creando reglas que garantizaran un normal funcionamiento del grupo. Reglas estas que fueron cada vez más especializadas con el nacimiento del pensamiento religioso. El “Éxodo” de la Biblia nos presenta una etapa de la humanidad en la que se instauraron los cimientos de las costumbres, reglas y leyes, siendo los 10 mandamientos el más antiguo conjunto legal que aún tiene vigencia.

Todos los poderes instaurados, hasta nuestros días, mantuvieron una estrecha relación con los acuerdos sociales de funcionamiento. Cuando estos se fragmentaban, rápidamente había un proceso de destrucción de esos poderes y la instauración de nuevos que devolvían a la sociedad el orden.

La existencia humana ha estado muy vinculada a la existencia y desarrollo de los patrones legales, siendo el código de Hammurabi (1800 a.C.) uno de los más antiguos encontrados completo. Este, igual que todos los demás, es considerado de origen divino.

Según los entendidos, el fascismo es una forma de gobierno autoritaria, es decir que sus mandos no se atienen a regla ni ley alguna, hacen lo que les da la gana en función de sus intereses muy particulares, fragmentando el orden. El término surge de los gobiernos fundados por Mussolini y Hitler en Italia y Alemania, respectivamente, por lo que observando su actividad podemos definir este concepto.

Ellos convirtieron el engaño en un patrón de comunicación con la sociedad; derogaron las leyes que les representaban obstáculos a sus intereses; suprimieron a sus opositores con chantaje, terror, corrupción y el asesinato; concentraron los poderes del Estado en un solo mando autocrático; realizaron un populismo ficticio en donde las grandes obras ocultaban el verdadero carácter depredador de sus mandatos, generando en la población una ilusión de bienestar.

El neofascismo es la forma moderna en que un determinado grupo social interrumpe abruptamente el continuo desenvolvimiento y desarrollo de las normas vigentes, sin crear ninguna; la ley está supeditada a intereses arbitrarios.

No tiene sentido repetir los hechos, ya harto conocidos, que determinan que el gobierno de Ricardo Martinelli representa, con lujo de detalles, el nacimiento del neofascismo panameño, quedando como único baluarte de la independencia de los poderes el Tribunal Electoral, al que han tratado, con algún éxito, de absorber.

Si se diera el caso que ganaran las elecciones este 4 de mayo –y hay una posibilidad de ello como sucediera con el Duce y el cabo alemán–, que Dios nos agarre confesados, porque no existirá razón alguna que les haga entender que lo actuado en forma irresponsable e irrespetuosa, hasta ahora, no solo fue incorrecto sino que ha sido un exabrupto histórico. Lo que los llevará a conducirse, con mayor salvajismo e ilegalidad, del que han mostrado hasta ahora.

No cabe duda, por esa vía, de que el final será su suicidio, como ha sucedido con todos los alacranes que aparecieron en el pasado. El pueblo no tiene nombre y construye su porvenir; estas alimañas tienen nombre y apellido, quedando marcados, junto a sus descendientes, por el resto de los tiempos, en el peor de los casos, y en el mejor, presos y humillados. Este castigo se ha convertido en la modalidad moderna.

Estas palabras, en tono proféticos, las escribimos porque su posible triunfo electoral lo interpretarán como un rotundo éxito de su diabólica estrategia y tácticas oscuras, plagadas de embustes, que repiten y repetirán sin el más mínimo asco, hasta cuando les llegue su apocalipsis, que no duden será antes del término de su posible nuevo mandato. El desarrollo de la tecnología moderna garantiza esa velocidad de cambio.

Es por esto que llamamos a votar por Juan Carlos Navarro, quien representa la renovación posinvasión del Partido Revolucionario Democrático. Por eso, no debe ni puede ser obstáculo para ningún sector de la población entregarle su confianza y el voto. Es la única carta viable que los sectores populares y patrióticos tenemos para lograr evitar el desastre que representa la reelección del autoritarismo.

Juan Carlos Navarro garantiza el restablecimiento de las normas legales de convivencia que permitirán la continuidad de la maduración de los procesos democráticos, lo que demostró al despojarse de sus aspiraciones personales para tratar de unir a la oposición en un solo frente electoral, algo que sus homólogos no fueron capaces de hacer.

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