EXCESOS CONTRAPRODUCENTES

Salud pública, actitud privada: Xavier Sáez-Llorens

Condeno la violencia que azota a nuestra sociedad. Estamos indefensos ante la barbarie de delincuentes y policías. Cada día me convenzo más de que la especie humana debe ser reinventada porque el pionero experimento de la naturaleza nos creó con demasiados errores.

La salud y educación deben ser eminentemente públicas. Todos los panameños merecemos gozar de bienestar sanitario y acceso educativo que nos permita forjar un destino digno. Bajo estas condiciones básicas, el estándar de vida posterior dependerá del empeño que pongamos cada uno a lo largo del camino existencial. Apoyo, también, el derecho de todo individuo a buscar éxito en el mercado privado. Cualquier exceso en lo colectivo o en lo personal, empero, resulta contraproducente. Tanto el paternalismo estatal como el individualismo liberal producen efectos nocivos si se practican en demasía. El primero propicia vagabundería y mediocridad; el segundo, codicia e insolidaridad.

La salud de la población debería ser ejecutada de manera similar a como nosotros manejamos la prosperidad personal. Algunas herramientas privadas son útiles para lograr mayor productividad en el sector público. Usted, para balancear su presupuesto, busca artículos buenos pero baratos y regatea para conseguir la mejor relación costo-beneficio. Un buen director adquiere medicamentos e insumos de calidad a precios razonables, aunque protesten los distribuidores. Usted, para que su empresa crezca, exige disciplina en los empleados. Un buen director procura tener trabajadores comprometidos, puntuales y cumplidores de actividades u horarios. Usted, para ofertar servicios competitivos, requiere gente capacitada y dispuesta a laborar en cualquier área del territorio cubierto. Un buen director debe contar con funcionarios especializados en todas las áreas de su administración. Si no se encuentran, ambos deberían importarlos mientras se espera la génesis local. Usted, para que haya armonía en su negocio o domicilio, confía que los subalternos remen en la misma ruta y se comporten respetuosamente. Un buen director espera lo mismo de sus funcionarios. Ambos, despedirían a trabajadores que operen con grosería e indiferencia, no obedezcan tareas y horas asignadas o filtren información distorsionada para perjudicar la gestión.

La medicina está diseñada para gente con fortaleza ética, convicción científica y vocación de ayudar al prójimo, no para aventureros de la política, la conspiración o los negocios. Con el entorno social actual, repleto de corruptos, charlatanes y promotores de huelgas, convendría apartar a nuestros estudiantes de distracciones que afecten su aprendizaje. Mi facultad está en las mismas condiciones estructurales que hace 40 años y no parece haber experimentado una modificación substancial del programa curricular, cónsono con los tiempos tecnológicos modernos. En países civilizados, las escuelas de ciencias de la salud (health science centers) están separadas de otras disciplinas universitarias y sus finanzas se nutren de dinero estatal, donaciones privadas y grants para realizar investigaciones relevantes. Apelo al distinguido decano, para mudar la facultad a la Ciudad del Saber o a la futura Ciudad Hospitalaria, fortalecer la formación con instrumentos pedagógicos de punta, incentivar la investigación a niveles sin precedentes y distanciar al alumnado de las cotidianas rebeliones estudiantiles. El conocimiento no admite pausas. Estamos perdiendo terreno con las facultades privadas.

Para optimizar la salud pública, urge acabar con la duplicidad del modelo criollo. El Minsa debe dedicarse exclusivamente a la rectoría de políticas sanitarias. Quien mucho abarca, poco aprieta. Hay innumerables actividades que vigilar para estar, además, construyendo y tutelando hospitales. Este ministerio no debe inmiscuirse en compra de terrenos y licitaciones de nosocomios. Mitigar enfermedades tropicales, garantizar seguridad alimentaria, fiscalizar infecciones hospitalarias, brindar salud indígena, asegurar bienestar a niños, ancianos o embarazadas, fomentar anticoncepción y educación sexual, modernizar vacunación, promover hábitos saludables de vida o prevenir dolencias crónicas, requiere un trabajo a tiempo completo. Los ex “garantes” propusimos que la atención fuera impartida por una entidad autónoma o por una CSS fraccionada (una dirección para la sanidad, otra para pensiones) pero siempre desde una directriz pública.

Apoyaría cualquier dirigencia gremial que, sin banderías partidistas, pelee genuinamente por la eficiencia de un sistema que garantice mejores servicios a la población. Una vez alcanzado este derrotero, entonces que luche por un mejor salario para agremiados, particularmente para el personal responsable, no para manzanas podridas que atienden muy bien a pacientes particulares pero muy mal a usuarios públicos. Los medios inteligentes deberían tener la capacidad de detectar a cabecillas farsantes que constantemente inventan crisis y deliran con fantasmas privatizadores, para negarles micrófono y audiencia. Una cosa es libertad de expresión, otra libertad de desinformación. Panamá no lo merece.

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