GOBIERNO

Sensatez política en el manejo de la cosa pública: Domingo Espinosa G.

La nación panameña, a través de sus empresarios, trabajadores y los gobiernos postinvasión, han hecho enormes sacrificios para sacar al país de la bancarrota en la que quedó sumido y llevarlo a los excelentes índices macroeconómicos actuales, como un crecimiento del 10% en los últimos años, lograr grado de inversión, bajos niveles de desempleo, máxime en estos tiempos en que la economía mundial ha estado en crisis; no obstante, hay que mirar con cuidado el coeficiente de endeudamiento en el que está entrando el país.

Pero la bonanza económica que se vive en Panamá tiene que permear en todas las capas de la sociedad, sobre todo en las clases populares. A fin de cuentas, el bien común debe ser el derrotero del Gobierno, aunque hay sectores de la población que no lo perciben así. No obstante, para que el país siga su ritmo de crecimiento económico, el Gobierno debe propiciar un clima de paz y seguridad jurídica y enviar el mensaje a la comunidad internacional de que en Panamá cualquier inversionista lícito es bienvenido. Pero cuando damos un vistazo a lo ocurrido en los últimos años, vemos que la teoría política no se compagina con la realidad, y que el ciudadano común intuye que detrás de algunas aparentes bondades que se le ofrecen se oculta algún objetivo no muy claro. No podemos olvidar que en nuestros países las necesidades son mayores que los recursos, por lo cual se debe priorizar en las inversiones públicas. Analicemos algunos casos.

Con la aprobación de la Ley 30, llamada “ley chorizo” (una aberración jurídica por la forma como fue concebida) su implementación trajo luto y dolor en la provincia de Bocas del Toro, y el Gobierno tuvo que derogarla para contener a una población enardecida. No contentos con esa acción, se les ocurre echarle mano a los recursos naturales de la comarca Ngäbe-Buglé. Todos sabemos la vorágine de violencia que se generó y se tuvo que derogar esa ley después de firmar los acuerdos de San Lorenzo 1, con un alto costo político, social y económico para el país.

Después, se les ocurre vender las acciones de las empresas privatizadas, pero el pueblo se organizó e impidió que se ejecutara esa intención; todo esto ocurre ante una Asamblea Nacional que actúa sin escuchar al pueblo y hasta da la impresión de que muchos diputados ni siquiera saben lo que están aprobando y las consecuencias que traerán sus actos, asumiendo una actitud primero de prepotencia y después pusilámine cuando las cosas no les salen como esperan.

Como corolario, inventaron vender las tierras de la Zona Libre de Colón con la nefasta Ley 72. Si bien es cierto hay que modernizar esta zona franca, eso debe ser consultado con los actores más interesados, en vez de vender unos activos que se valorizan año con año, para transformarlos en una divisa que se devalúa en el tiempo y que no se encuentra en su mejor momento tiene sus riesgos. Si a esta ecuación económica-financiera le agregamos la inflación anual del 6% que se registra y que ni los mejores intereses bancarios superan el 5% en los plazos fijos, todo nos refleja un saldo negativo. A simple vista se ve que no es un buen negocio vender esas tierras.

El Gobierno tiene suficientes asesores económicos que le permitirían ser más creativo y buscar esos fondos de otra forma, si es que desean balancear el hueco fiscal que tiene el presupuesto del Gobierno, y no precisamente vendiendo el patrimonio de la nación, que es de todos los panameños. Porque si vendemos lo que tenemos ¿qué le vamos a dejar a las futuras generaciones?; es decir, en el argot popular “pan para hoy y hambre para mañana”.

Creo que llegó la hora de que el Presidente de la República les vaya exigiendo cuentas a aquellos asesores que le hacen “meter la pata”, de lo contrario el pueblo le cobrará esa factura en la próxima elección. Es menester entonces que los panameños tomen conciencia del rol que le corresponde jugar a esta generación y hacer honor al ilustre patricio Mateo Iturralde, cuando expresó en la firma del tratado Hay Buneau-Varilla “Yo no vendo mi patria”.

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