MATERIA POLÍTICA

Sentido común, coaliciones y sueños de opio: Daniel R. Pichel

No sé qué ha pasado en Panamá, pero el sentido común parece que se ha tomado un año sabático. Con la polarización del tema político, cualquier idea que se exprese se resume a tal o cual preferencia política. Esto se hace particularmente notorio cuando se intercambian opiniones por las redes sociales, pues al no contar con tanto espacio para expresarse, todo es interpretado de cualquier manera por quien lo lee.

Veamos un par de ejemplos: Hace unos 10 días comenté que había pasado por el nuevo paso a desnivel del cruce de la extensión de la vía Brasil con la vía Ricardo J. Alfaro (que insistimos en llamar Tumba Muerto) y escribí que me parecía que aquello había mejorado el tráfico en ese cruce particular. No había yo terminado de enviar el mensaje, cuando ya estaba recibiendo contestaciones donde airadamente me llamaban “gladiador de Camacho” (uno de los insultos de moda) diciéndome que era un vendido a favor del gobierno y de Cambio Democrático. Mi siguiente mensaje fue algo como: Pero yo solo hablé de que notaba mejor el tráfico, y volvió la segunda andanada de bilis, mencionando sobrecostos, inundaciones y mala calidad del trabajo. Uno de aquellos mensajes contenía una foto aérea del puente Centenario, comparando el costo de aquel con el del mencionado paso a desnivel. Por lo visto, si un puente costó más de lo que nosotros pensamos debe costar, se vuelve automáticamente incapaz de trasladar automóviles de un lado a otro. Cosas similares hemos visto con cada una de las obras que ha inaugurado el gobierno. Cualquier comentario positivo será cuestionado con toda la rabia del caso, utilizando argumentos que nada tienen que ver con lo que se dijo originalmente.

Y no solo pasa de un lado. Del otro es similar. Cuando uno menciona la falta de transparencia, la aberración del fallo de la Corte Suprema contra la decisión del Tribunal Electoral, la gran concentración de poder que ostenta el Órgano Ejecutivo, o la intriga italiana de Lavítola y compañía, arrancan a llegar mensajes hablando de obras viales, del Metro, de 100 a los 70, de Curundú o del ya clásico: más en 4 que en 40. En realidad, las repuestas recibidas de unos y otros no tienen nada que ver con lo que se habla.

Todo esto es producto de una tensión política que se acumula día tras día, y que al paso que vamos no tengo idea dónde va a ir a parar de aquí a las elecciones. Además de lo ácido, rambulero e irrespetuoso del tono usado por todas las partes y sus voceros, lo belicoso de la campaña hace pensar que, de nuestra especie política (el no decir “clase política” es totalmente intencional) no puede dar por fruto nada que valga la pena a corto ni mediano plazo.

Y la acritud de la campaña se hace notar también al hablar de la susodicha “coalición nacional de oposición”. No es secreto para nadie que, de acuerdo con los resultados que muestran las encuestas, si las fuerzas que se oponen al gobierno actual no se unen en un solo frente, sus posibilidades de victoria se reducen ostensiblemente. Tal cual ocurrió hace cinco años, la sensación general es que “o se unen o pierden”. Sin embargo, para no variar la rutina, parece que ninguno de los candidatos panameñistas y del PRD está dispuesto a echarse a un lado para permitir dicha coalición. El tema es más o menos así. El vicepresidente Varela no puede volver a ser candidato al mismo cargo, de modo que, o corre como presidente de la “unión opositora” o simplemente queda fuera de la nómina. El Sr. Navarro lleva media vida soñando con el momento de ser presidente (yo tengo mis dudas de que tenga muy claro qué hacer después de tomarse la foto con la banda presidencial) y nada indica que vaya a dejar a un lado su objetivo vital. Es más, esta semana pareció insinuar esa posibilidad en una entrevista, e inmediatamente voceros de su partido salieron aclarando que apoyaban la alianza, pero que tenía que ser encabezada por un miembro del PRD. Lo que pasa es que, invariablemente, en estas alianzas electoreras quien ocupa la presidencia eventualmente se deshace del otro partido, dejándolo fuera de la codiciada papa. Y eso no lo quieren ni los candidatos ni sus copartidarios.

A mi modo de ver, la única manera de que esa coalición ocurra y tenga posibilidades de lograr lo que la población espera de ella es que ambos partidos apoyaran a una nómina neutral que para gobernar requiriera del acuerdo de ambos partidos. Entre los nombres que escuché como “candidatos de unidad” están Rubén Blades, Alberto Alemán Zubieta, Milton Henríquez o Gerardo Solís. Dicha nómina debía tener una función de transición que convocara una Asamblea Constituyente, nombrara nuevos magistrados en la Corte Suprema y se comprometiera a convocar a nuevas elecciones en dos años, en las cuales ellos no participarían como candidatos. Así, en dos años se tendría un torneo electoral con nuevas reglas del juego que garantizaran la transparencia en la gestión pública y en el financiamiento de las campañas, así como que asegurara el castigo a la corrupción, dando prioridad a los principios democráticos.

Por supuesto, implementar esto con nuestros políticos suena casi a un sueño de opio. Sin embargo, nada se pierde con imaginarse cómo pudieran ser las cosas algún día. @drpichel

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

16 Ago 2017

Primer premio

7 8 9 4

DBDC

Serie: 14 Folio: 7

2o premio

6122

3er premio

5195

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código