COLUMNA INVITADA

Silencio urbano: Manuela Duque Cano

Se estima que más de 500 millones de personas en el mundo padecen algún tipo de pérdida auditiva. La causa principal de este fenómeno es que el nivel del ruido en el ambiente es cada vez mayor. La circulación de vehículos, la construcción de edificios, las obras públicas y la industria son algunas de las actividades diarias que conllevan un nivel de sonido determinado. Cuando este implica molestia, riesgo o alteración del bienestar de los seres vivos, se denomina ruido y se considera contaminación acústica.

El exceso de ruidos o vibraciones es una consecuencia directa de las propias actividades humanas y ocasiona la alteración de las condiciones normales del medio ambiente. A diferencia de otro tipo de contaminaciones, el ruido no se acumula, no se traslada de lugar ni se mantiene en el tiempo. No obstante, las consecuencias sobre la salud de las personas sí se producen de manera acumulativa, a medio y largo plazo.

La Organización Mundial de la Salud ha declarado que el ruido tiene efectos tanto fisiológicos como psicológicos. La pérdida auditiva es una de sus consecuencias más notorias. Los afectados suelen ser aquellas personas que se exponen con regularidad a elevados niveles sonoros de música, como en las discotecas, conciertos o mediante reproductores de música. La Alianza de la Audición de América anunció que 15% de los estudiantes universitarios posee un nivel de pérdida auditiva igual o mayor que la de sus padres. De igual forma, un estudio publicado en la revista American Journal of Adolescent Health destaca que la pérdida de audición de altas frecuencias ha aumentado entre algunos adolescentes, de 10% a casi 20%. Los jóvenes expuestos a un sonido de alta intensidad pueden experimentar una pérdida transitoria de la audición caracterizada por un repique en los oídos. Sin embargo, años de exposición repetida a niveles peligrosos de ruido puede conducir a un daño irreversible, al destruir diminutos receptores sensoriales dentro del oído interno.

El ruido ambiental no solo ocasiona la pérdida auditiva, además genera efectos nocivos sobre la salud y la calidad de vida de la población, con consecuencias tanto psicológicas como en el sueño. Los altos niveles de ruido pueden provocar alteraciones hormonales como el aumento en la secreción de adrenalina. Incluso la aceleración del ritmo cardíaco, la tensión arterial y la respiración pueden desencadenar en estrés y agravamiento de problemas cardiovasculares.

En la sociedad actual, las actividades de ocio, las conversaciones con un tono de voz elevado, los pitidos de los vehículos o la escucha de música a un volumen alto, son focos emisores de ruido muy importantes. Concienciar a la población de que el cambio individual de algunos hábitos en las actividades cotidianas puede conseguir una reducción del ruido global al que están expuestos, es una forma de no solo cuidar la salud personal, sino la del planeta en general.

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