CRÍMENES CONTRA LA MUJER

Silencios que matan: Berna Calvit

Luz Nereida Moreno Torres murió el 12 de agosto de 2008. Tenía 34 años y era madre de tres hijos. Su marido, el boxeador profesional Alfonso Huracán Mosquera, la golpeó por última vez en junio de 2008, golpes que, según el protocolo de autopsia, le causaron ruptura de vísceras. En el expediente judicial consta que “Moreno tenía un historial de maltrato familiar previo a su muerte”. Pero Luz Nereida nunca lo denunció. ¿La paralizó el miedo a más golpes si lo denunciaba? ¿O, como tantas otras mujeres maltratadas, prefirió aguantar callada porque sabía de mujeres que acudieron a las autoridades en busca de protección y no la recibieron? Para muchas de ellas, el refugio final contra el maltrato lo encontraron en la muerte. En septiembre 2008 se dictó detención preventiva contra el agresor; el boxeador salió libre bajo fianza; en 2010 se confirmó la sentencia: 40 meses de prisión, es decir, tres años y cuatro meses. Pero Huracán había desaparecido; es obvio que la policía “no lo encontró”, y los familiares y amigos no tuvieron corazón para delatar “el escondite” del conocido boxeador, quien incluso intentó ganar en 2007 el título mundial súper wélter (69.85 kilos) de la AMB. Luz Nereida estaba muerta, ¿qué se podía hacer ya? Resignación, mucha resignación y además, ¡Huracán no era un cualquiera! ¡Imagínelo! Casi, casi, llega a campeón mundial. Hace pocos días el que mató a golpes a su mujer, se entregó voluntariamente; no lo había hecho antes porque “estaba construyendo una casa para sus hijos”.

El femicidio es tragedia mundial. Pero cuando el victimario es famoso y admirado, la ley y los fanáticos no juzgan el crimen como juzgan el que comete un “don Nadie”. El argentino Carlos Monzón tras golpear a su mujer, Alicia, la lanzó por el balcón; recibió 11 años de cárcel con tratamiento tan especial que hasta permisos de fin de semana disfrutaba; murió en accidente automovilístico durante su prisión dorada; miles de personas asistieron a su funeral y lloraron su muerte; su crimen fue cubierto con la gloria de sus puños. El venezolano Edwin Valero agredía a su madre, a su hermana y a su esposa Jennifer; a pesar de su historial se le dejó en libertad, decisión en la que pesaron más los 27 nocauts en 27 peleas, que 40 denuncias por violencia. Meses después Valero mató a cuchilladas a su esposa Jennifer; las autoridadespugilísticas, y una gran campaña mediática, convirtieron al asesino en “víctima de las consecuencias de haber llegado al estrellato desde una cuna humilde”. El mexicano José Sulaimán, presidente del Consejo Mundial de Boxeo, con 10 campanazos, declaró día de luto mundial AMB, cuando Valero se suicidó. El boxeador “muerde orejas”, Mike Tyson, con largo historial de delincuencia y violencia fue a prisión una sola vez (tres años), acusado de violar a una mujer; pero la bestia del ring producía tanto dinero que no podía ser sacrificada. Y fueron el tiempo y el desgaste, no la justicia, los que le cobraron a Tyson sus desmanes. Otra estrella del deporte, aunque no boxeador, que también tenía antecedentes por maltrato conyugal es O.J. Simpson. En 1994 asesinó a su esposa y su acompañante; fue absuelto pese a todo lo que lo incriminaba claramente; el juicio fue un espectáculo mediático sin precedentes. Condenado en 1998 a 33 años por robo, confesó en prisión a Oprah Winfrey el asesinato de Nicole “en defensa propia”. Sabe que no puede ser juzgado nuevamente por los asesinatos de los que fue absuelto.

En 2010 Panamá ocupó el décimo puesto en femicidios en América Latina. Al menos 222 mujeres han muerto en forma violenta desde 2008 hasta el primer semestre de este año. Este año, al 12 de septiembre, hay 23 mujeres asesinadas. Los gobiernos no han hecho su tarea; las denuncias de las mujeres maltratadas no reciben la atención debida; el consumo de alcohol es factor constante en la violencia intrafamiliar; el machismo y los prejuicios contra las mujeres influyen en las decisiones de las penas, muy leves, en proporción al daño social que causan. Erradicar la conducta machista debería ser preocupación de las autoridades educativas desde el nivel primario. El machismo, aunque disfrazado, proyecta a la mujer como objeto para uso doméstico y para placer del hombre (basta con ver los anuncios publicitarios para entenderlo). Los diputados se entretienen sacándose los ojos y “craneando” provechos, sin procesar el anteproyecto de ley que tipifica el femicidio. El artículo 213 del Código Penal dice que “apoderarse” de un vehículo automotor se sanciona con 7 a 10 años de prisión; el hurto de una o más cabezas de ganado, con 4 a 6 años de prisión; en ambos casos la pena puede ser aumentada según los agravantes. La sanción al boxeador Alfonso Huracán Mosquera, 40 meses de prisión por matar a Luz Nereida, y los otros casos que cito, ¿qué indican? Que la fama es un escudo contra la ley. Y que en Panamá, que un hombre mate a una mujer es menos grave que el robo de una vaca o un vehículo. Luz Nereida calló. El grito de su silencio no debe perderse en la indiferencia de los que, por ley, deben proteger a las víctimas de la violencia. Tampoco en la nuestra.

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