EL MALCONTENTO.

Sindicatos, poder y torpeza

Nunca entendí la saña que hay en Latinoamérica contra los sindicatos. Una especie de sarpullido violento sale en la piel no solo de empresarios y políticos, sino incluso de la gente pobre, a la que se le ha inoculado el odio a su propia clase. Es, claramente, un déficit democrático agudo.

En estos días, en los que medios de comunicación, ministros y representantes de gremios empresariales han enfilado sus cañones contra Suntracs llenándose la boca de palabras como democracia, tolerancia, diálogo y cauces adecuados, habría que recetarles a todos un baño de cloro para purificar su lengua y… sus almas.

Ser democrático es entender que los derechos a organizarse, a expresarse libremente, a protestar o a hacer huelga son de los que miden la temperatura de una democracia real. Ser tolerante significa permitir las visiones diferentes -aunque no las compartamos-. Dialogar significa no mentarle la madre al otro antes de que se siente, que es lo que ha hecho la fuerza de choque Gólcher-Rivera. Cauces adecuados serían que las investigaciones sobre los asesinatos de sindicalistas se hicieran a la misma velocidad que ha ido la indagatoria a Saúl Méndez.

El poder algunas veces es torpe y en esta ocasión lo ha demostrado. Los empresarios necesitan sindicatos y el Gobierno requiere de interlocutores válidos entre los trabajadores. Un mundo unipolar en el que solo una parte esté organizada es una dictadura encubierta. A nadie se le ha ocurrido insinuar que la Cámara de Comercio o la Capac sea un club con una agenda oculta. Nadie, desde los medios de comunicación, tan cómplices estos días, ha atacado a la constructora del amigo brasileño del Presidente de estar acaparando proyectos y con un muerto a los pies de su obra insignia. No vamos a suponer que detrás de la insistencia en hablar de violencia por parte de algunos voceros oficiales hay una incitación a la violencia.

Lo que sí es evidente es que se ha desviado la atención de todos los temas de fondo, a punta de repetir lo que nada tiene que ver. Daré varios ejemplos:

El pasado martes, día de la huelga convocada por Suntracs, un derecho democrático estemos o no de acuerdo con la causa que lo provoca -el asesinato de dos personas, por cierto-, el poder y algunos medios avecinaban una jornada de violencia desmedida. Nada pasó. Los sindicalistas marcharon, presentaron una carta con sus exigencias y ya. Al día siguiente, en lugar de destacar que no hubo violencia algunos medios destacaban las millonarias pérdidas -cuando nunca titulan con las millonarias ganancias para cuatro gatos el resto de días- e, incluso, este en el que escribo y quiero, ponía una foto de trabajadores jugando al dominó con un mensaje nada subliminal pero sí muy burdo.

La huelga se convocó porque habían muerto dos sindicalistas, no contra la convención colectiva de Capac, ni contra la política económica del Gobierno, ni contra la pobreza, ni contra la injusta distribución del crecimiento macroeconómico. Sin embargo, los empresarios hablaban de la convención colectiva o de la mala imagen internacional para el país -debe ser que las balaceras con policías implicados en las que mueren ciudadanos dan una estupenda imagen y forman parte de una campaña de promoción del país en el exterior: "Haga negocios en Panamá, se pueden adulterar medicamentos, quemar buses o matar obreros sin que pague el inversor"-.

Si hay una crítica de fondo que yo haría a Suntracs es que no ha evolucionado. Es decir, que mantiene las mismas técnicas de reivindicación de la vieja izquierda. Pero, precisamente esta vez, sí evolucionaron. Protestaron en paz, pusieron en papel sus peticiones y volvieron a sus casas. ¿Qué querían algunos medios y el poder tradicional? Algunas veces creo que hubieran deseado disturbios y un par de muertos más para poder mantener su discurso de demonización de Suntracs.

No estamos construyendo una sociedad democrática así. Ni el Gobierno, ni los medios, ni los empresarios están entendiendo que los trabajadores son tan necesarios como humanos; que si están ganando tanto dinero es porque pueden cobrar los apartamentos a precios cercanos al primer mundo, y mientras pagan salarios de tercero y se quejan si se les pide que inviertan en medidas de seguridad. Que los ciudadanos están siendo bastante moderados mientras ven pasar por delante la opulencia de este boom económico para pocos. Que una ciudadanía servilista es abono de dictadores y visionarios locos y que a los conflictos no hay que tenerles miedo, sino propuestas de solución.

Suntracs debe crecer y madurar -pero parece que lo ha estado haciendo en los últimos meses aunque siga en manos de una oligarquía sindical tan cruel a veces como sus enemigos-, Conato debe despertar -mal favor hace a la patria siendo perrito tinaquero del Gobierno-, los medios de comunicación deben ser más democráticos y balanceados -lo de estos días ha sido de escándalo- y el Gobierno y los políticos… ¡ay! el Gobierno y los políticos… ¿será que los mandamos a estudiar sobre democracia, derechos y participación ciudadana?

Ahora que el dictador amenaza con su regreso, toca ser más democráticos que nunca… y no de palabra, sino de acción.

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