PREVENCIÓN DE MALES

Síndromes del nuevo funcionario: Juan Planells

El nombramiento de nuevos funcionarios, al frente de las instituciones oficiales, es oportuno para advertir sobre los trastornos de personalidad que suelen manifestarse entre los que se estrenan en cargos públicos, de mando y jurisdicción. Conocer su existencia y saber tratarlos a tiempo puede evitar obstáculos en la tarea de servir a los gobernados, con justicia, eficiencia y eficacia.

El primero de estos trastornos se define como el de la petulancia, conocido por los psicólogos como “síndrome de hybris”. Es típico de los llegan a tener espacios de poder por primera vez en el ámbito político, como los que comienzan su carrera en una nueva administración. El enfermo con tal mal suele ser calificado por la sabiduría popular como “al que se le subieron los humos”. El síntoma que aparece visible apenas toman posesión del cargo, consiste en negar la existencia de todo aporte positivo implementado antes de su tiempo. Ese trastorno paranoide incita a los funcionarios a desconocer importantes programas y obras ya realizadas (en especial si han producido buenos resultados) y se autoproclaman constructores del nuevo mundo. No consultan. Afirman que nada se hizo bien antes, y dedican buena parte de su período a criticar todo lo pasado. Les gusta comenzar desde cero, porque no tienen disciplina ni paciencia para investigar la historia, tampoco humildad para reconocer los avances logrados. Tras algunos meses, la patología se convierte en un trastorno delirante que le hace convertir en enemigo personal a todo el que difiera de sus ideas.

En ocasiones, ligado al anterior, aparece el síndrome de bullying. Dicen los sociólogos que los afectados dividen a los ciudadanos en buenos y malos, y pelean contra enemigos imaginarios a los que culpan de sus problemas. Se levantan con los guantes puestos y siempre están dispuestos a armar un ejército que los acompañe. Para eso requieren disidentes que muchas veces crean y mantienen con su comportamiento maniqueo. Tienen bajas competencias matemáticas, pues solo aprendieron a dividir y restar, no a sumar ni multiplicar. Intoxicados con el poder, no reconocen sus errores, pierden la facultad de escuchar y, de forma constante, recuerdan que si no avanzan es porque otros lo impiden. Ellos ven enemigos en cualquier lugar y piensan que hay una conspiración permanente en su contra.

El afectado es alguien lleno de orgullo, con un insoportable complejo de superioridad y recelo hacia todos. A veces llega a padecer, a la vez, el síndrome Amok, que se manifiesta con una súbita explosión de rabia salvaje, por lo que ataca de forma alocada a los que le salen al paso. Crean su propio círculo de manzanillos que ayudarán a alimentar el síndrome, convenciendo al enfermo de que él es un predestinado. La mitología encargó a Némesis, como diosa de la justicia distributiva, la tarea de neutralizarlos, y Heródoto lo expresa en un pasaje al decir: “Puedes observar cómo la divinidad fulmina con sus rayos a los seres que sobresalen demasiado”.

El tercero es el síndrome de Peter Pan o de la eterna adolescencia. Pasado un tiempo, estos funcionarios viven una fantasía que consiste en negar la realidad, y se crean un mundo imaginario de progreso que convive con las mayores carencias que pretenden desconocer. No admiten una deficiencia en su ámbito de responsabilidad, piensan que su obra es perfecta, y etiquetan de enemigos a todos los que se atrevan a sugerir otra forma de pensamiento. Su egocentrismo les hace creer que son merecedores de recibir y pedir, sin preocuparse de los problemas ajenos. Tampoco escuchan opiniones ni argumentos de otros, no valoran lo que puedan decir. Están obsesionados con tener el control de las situaciones. Su actitud soberbia enmascara una personalidad insegura, que necesita el reconocimiento constante, y creen que imponiendo sus opiniones pueden conseguir ese prestigio que anhelan. El ejemplo característico de esta personalidad llevada al límite es el de quienes creen estar en posesión de la verdad absoluta. Esto se puede producir en cualquier nivel social o profesional. Responden a los cuestionamientos sobre los compromisos que deben cumplir, con una presentación de lo que hacen, aunque nada tenga que ver lo uno con lo otro.

La historia recoge ejemplos de ministros que han sido muestras vivientes de esas desviaciones psicológicas. Por ello, más allá de la revisión de micrófonos que puedan haber sido heredados de la administración anterior, los nuevos funcionarios tienen que protegerse de las cepas que han incubado estos síndromes. Como adelantó el magistrado Erasmo Pinilla, en algunas oficinas públicas habrá que barrer y fumigar para evitar el contagio que traslade las costumbres de aquellos dirigentes que mantuvieron secuestrada su parcela de la administración pública a los nuevos, que llegan con la ilusión de construir una patria mejor.

Comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Editorial por la Democracia, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Directorio de Comercios

Loteria nacional

24 Sep 2017

Primer premio

1 0 7 1

ACDA

Serie: 23 Folio: 11

2o premio

8324

3er premio

5691

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código