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Soberanía popular y autocracia: Jorge Gamboa Arosemena

Acabamos de conmemorar los 50 años de la gesta del 9 de enero de 1964. Pletóricos discursos de individuos cuestionables nos marearon con expresiones de que, por la heroicidad de los mártires, somos soberanos en nuestro territorio. Cierto que avanzamos en eso de ser soberanos en nuestro territorio, pero hay una última estaca del enclave colonial que debemos remover: el llamado Tratado de Neutralidad Permanente, cuya vigencia es a perpetuidad, porque no tiene fecha de caducidad, lo cual lo hace nulo en el contexto de los principios del derecho internacional. No solo por la característica de no cumplir con el principio de no perpetuidad, sino porque faculta a Estados Unidos a intervenirnos, para garantizar el funcionamiento del Canal, aclarada en la enmienda De Concini vigente porque está incorporada al Tratado de Neutralidad. ¿Cuáles candidatos de la juerga tradicional han manifestado su voluntad de denunciar este tratado por nulo y exigir su abrogación? Les interesa el tema o le rehuyen porque tienen espíritus subalternos a los gringos y no quieren arriesgarse a que, por patriotismo, les revoquen la visa.

Panamá, con 110 años de llamada vida republicana, ha estado y sigue estando “bajo el paraguas del Pentágono”, como cínicamente espetó el demagogo que se promovía como nacionalista, pero nos dejó con esa estaca antisoberana.

Las relaciones de Panamá con Estados Unidos han mutado las formas, pero la esencia es la misma: de sumisión. Ejemplos hay muchos en los cinco gobiernos posinvasión. Pero hablando de soberanía, ningún pueblo es soberano en el concierto de las naciones si en su territorio no ejerce soberanía popular. Hoy día, los demagogos nos hablan de que vamos a elecciones, donde democráticamente escogeremos a nuestras autoridades por los próximos cinco años. ¿Democracia con un fraude en marcha? Democracia cuando la oferta es casi la misma de siempre, con las mismas prácticas clientelistas, donde el dinero y el tráfico de influencias es el que priva. No solo en el sector oficialista, sino también en otros sectores.

Un pueblo con profunda crisis de principios, poco ilustrado cae redondo en las trampas de los “círculos ceros” del poder. Las esperanzas son pocas. Veamos los actores en el escenario: el partido FAD debe tener como mercado ese pueblo que a pesar de ser proletario, no teniendo nada que perder y mucho que ganar, buena parte los rechaza porque la derecha los ha etiquetado como de “izquierda”, etiqueta que surte su efecto por el coloniaje mental del pueblo por 170 años de tutela gringa en este país. La oferta gubernamental con su compra de tránsfugas y la del PRD con dos agentes de lo que representa la dictadura y su mimetismo seudodemocrático son irredimibles.

Algo de esperanza pudiera haber si la sociedad civil preocupada por el devenir político, toma conciencia de que, como la política es actividad seria, no se la puede dejar a una serie de llamados políticos que más que serios son payasos. Esos representantes de la sociedad civil, que por años han participado en diferentes foros, manipulados por los gobiernos, deben entender -de una vez por todas- que sus recomendaciones nunca serán desarrolladas por los que usan la política para resolver sus problemas económicos, por lo que les toca a ellos obligar a la alianza panameñismo-PP, la más potable de todas, a ser altruista comprometiéndose a desarrollar un proceso constituyente que reestructure la instituciones del Estado colapsado y establezcamos una democracia de verdad, cuyo principal objetivo sea Panamá para los panameños en función de los más pobres, embozalando los apetitos egoístas de cualquiera que quiera usar el poder público en beneficio propio.

El 26 de enero esta alianza escogerá su vicepresidente, el cual debe cumplir con un perfil que garantice que se cumplirá con las expectativas, no las cacofónicas de todas las campañas de que darán comida barata, seguridad, agua, transporte, etc., etc., sino que fundarán las bases del nuevo Estado donde los vicios que hoy padecemos se minimicen.

Ese vicepresidente debe ser un independiente de verdad, que no haya ejercido cargo público, con trayectoria de integridad, persona ilustrada y con aptitudes de conductor.

Que motive a los candidatos a los otros cargos de la alianza a ser desprendidos, que terminada la constituyente acepten que se hagan nuevas elecciones, porque si la constituyente no es originaria, sino paralela, infinidad de magistrados, diputados, alcaldes y representantes que permanecerán o se volverán a colar en los órganos del Estado, viciarán el ejercicio constituyente.

Llevado adecuadamente el proceso constituyente producirá un pueblo participativo de su democracia, sentando la soberanía popular y desterrando las prácticas autocráticas.

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