RADIOGRAFÍA SOCIAL

Solo el más fuerte sobrevive: Efraín Hallax

Hasta que Darwin lanzó su teoría de la evolución, Dios era la única respuesta. Darwin se convirtió en un simio, odiado y repudiado por su sociedad. Usualmente la verdad causa tormentas, muertes y odios. La verdad que libera es algo personal, a nivel de masas es una quimera disfrazada de engaños.

La evolución ha producido después de cientos de mutaciones al Homo bellacus. Este ejemplar es nuestra máxima expresión de la evolución humana. El hombre como lo conocemos ha ido cambiando y mutando hasta ser lo que es hoy día: un ser maleable que, sin educación ni orientación, puede convertirse en ladrón y esclavista.

No sé si nuestros ancestros eran más semejantes a nuestro creador que nosotros, pero jamás lo sabremos, ya que el Homo bellacus eliminó lo mejor de su legado genético. Los Homo habilis, heidelbergensis, erectus, rudolfensis, neanderthalensis y floresiensis, todos desaparecieron en el pleistoceno. La evolución del hombre y su largo caminar es un tema fascinante salpicado de episodios sangrientos. Nacimos en África, nos regamos por el mundo hasta llegar a Sudamérica, y en todo este gran trayecto dejamos huellas de muerte y destrucción, como si de fantasmas se tratase.

La grandeza del hombre, su inteligencia y sus ansias de poder son una de las constantes más comunes de todos los triunfadores. El Macchiavello (como teoría) ha demostrado que es superior al hombre bueno. Que conste que cuando hablo de superior no me refiero a valores morales particulares, sino a valores evolutivos. La evolución no cree en la virgen, ni en ángeles buenos. La evolución solo cree en el más fuerte; solo el más apto sobrevive.

Panamá está siendo conquistada por el Homo bellacus. Todo lo roban o convierten en negocio para satisfacer su codicia. El poder es la ruta para lograrlo. Ser jefe de la Corte Suprema o de la universidad o de la Asamblea, etc. Al llegar se convierte en triunfador. Cuando reflexiono sobre esta realidad me pregunto: ¿Por qué no tenemos a seres capaces, honestos, en las posiciones de poder? ¿Por qué casi siempre los malditos son los jefes? ¿Por qué nos rodea tanta mediocridad?

El Homo bellacus exitoso no solo está entre nuestra asquerosa clase política, sino en todos los estratos de la sociedad. Iglesia, promotoras, constructores, magistrados, militares, etc. No importa qué negocio sea, el gen triunfador de estos individuos ha sido determinante para la humanidad. Tres de las razones fundamentales de su éxito son: la religión, que te estimula a amar y a perdonar a esta calaña; la ignorancia, que te impide “olerlos”, ya que huelen muy particularmente, y su desprecio por el pueblo. Siempre se esconden detrás de fachadas honorables (Iglesias, asociaciones benéficas, etcétera). Y suelen rodearse de chupamedias, cepillos y vagos que buscan el ingreso fácil, en cuya psiquis anida la aspiración de ser como ellos. O entregar su criterio a cambio de un beneficio como jamones, tanques de gas, camisetas o seco. Otros, más ambiciosos, aspiran a un milloncito a cambio de entregar su conciencia de manera incondicional.

Nunca en nuestra historia la especie humana estuvo tan desprotegida, voluntariamente, contra esa especie depredadora. Su éxito no ha sido solo de apoderarse de las riquezas, del poder y de controlar la justicia, sino el de haber convencido a muchos de que ellos son los salvadores de la patria, que solo ellos defienden la seguridad del territorio (incluyendo radares), que son indispensables en nuestra existencia.

En algunos casos, individuos de esa especie se pelean entre sí; pero, al final el derrotado recibe como premio de consolación una embajada, un consulado o una botella sin glamour. Pero ir a la cárcel, jamás. Él odia la cárcel con toda las fuerza de su alma, ya que, de acuerdo con sus principios, eso es una infame persecución política. En Panamá, gracias a San Filemón, no hay cárcel para ellos. Los descendientes de esta especie prosperan, y se casan con otros de su mismo clan; cada generación tiene más de lo mismo, y gracias a esta técnica de regar sus propios genes, han proliferado. El país es de ellos. El triunfo civilista fue una victoria pírrica contra esa subespecie ganadora del Óscar, el Homo bellacus panamensis.

La pregunta que me hago es: ¿Por qué seguimos intentando cambiar 100 mil años de evolución y no entendemos que los pobres siguen jo... y que la clase media es una especie en extinción? Ellos se sienten ganadores. Quiero tener esperanza, tener fe de que si los tiranosaurios desaparecieron de la Tierra, esta aberración humana también lo haga. Solo si la especie Homo sapiens se une, podremos aspirar a tener un país mejor, en el que impere la justicia. No es un sueño imposible. Recuerdo que el 18 de febrero de 1979 nevó en el desierto del Sahara.

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