DESCONFIANZA EN LA JUSTICIA

Los Spadafora cabalgan de nuevo: Jorge Gamboa Arosemena

La llegada del discípulo de Torrijos, el exdictador Noriega, está echando un manto de encubrimiento ante cualquier escándalo de moda, incluida las crisis del Seguro Social: infecciones nosocomiales, desabastecimiento e incompetencia en la principal obra panameñista; pasarán a la historia con la etiqueta “pendiente de solución”. Esto, hasta que vuelvan a ocurrir otras muertes o hasta que los negociados –por lo escandaloso– se abran en los medios de comunicación.

Noriega no puede ostentar el rango de general, porque fue degradado por el gobierno de Endara, en una de sus primeras acciones. Que los gringos lo hayan tratado como general y hasta como prisionero de guerra fue un subterfugio para escurrir la responsabilidad por la criminal invasión y por haber aupado y mantenido a sus dos agentes como dictadores: Torrijos y Noriega.

Vamos al grano. Noriega debe regresar a Panamá, de donde nunca debió salir. Debido a las circunstancias que se vivían en aquellos días, fue llevado a Estados Unidos para ser juzgado. Lo juzgan, lo condenan y le bajan la pena. Mientras, en Panamá es procesado en ausencia y condenado. Terminando su condena en Estados Unidos, Francia lo reclama por una condena que está terminando de cumplir.

Así las cosas, ya le toca venir a Panamá a cumplir sus condenas, pero algunos miembros de la familia Spadafora anuncian que, por no confiar en que cumplirá realmente sus condenas de prisión, están tramitando una denuncia para que sea procesado por homicidio en Italia. Dada la ciudadanía italiana que tuvo Hugo Spadafora, esa jurisdicción puede investigar este homicidio, uno de los tantos que cometió la dictadura, desde Torrijos hasta la invasión.

Es lógico que una parte de la familia Spadafora haga campaña para que este homicida, vencido en juicio, no sea uno más de los casos de impunidad que campean en nuestro país. Han señalado que jueces y diferentes autoridades son comprables o se doblan ante presiones, por lo que no creen que Noriega pasará mucho tiempo en prisión.

Hasta censuraron las declaraciones poco felices del Presidente, quien dio a entender que este delincuente ya ha pagado bastante y que puede ir a disfrutar lo que la ley no le permite: casa por cárcel, privilegio para los que no han cometido delitos de lesa humanidad.

Es irónico que, a pesar de que uno de los miembros de la familia, Winston Spadafora, es magistrado de la Corte Suprema, el resto tenga dudas en la justicia panameña. El magistrado (hermano de Hugo), asumió la cabeza de esa familia, cuando Carmelo Spadafora (padre de ambos) murió al inicio de la cruzada que exigía justicia tras la decapitación de Hugo.

Que una parte de la familia diga que prefiere que el asesino convicto de su hermano no venga a Panamá y que la razón es porque desconfía en la justicia, debe poner los reflectores en el fallido sistema de administración de justicia. 21 años después de barrida aquella dictadura, nos debe hacer pensar que los magistrados o no están haciendo su trabajo o se han olvidado de la exigencia de aquel grito de “Justicia” que coreábamos en cada manifestación, durante la lucha civilista; letra muerta en este sistema.

Claro que la responsabilidad no recae solo sobre los magistrados, en general, o sobre el magistrado Spadafora, en particular. La responsabilidad de que no tengamos justicia recae en todos los gobiernos que se han sucedido luego de la invasión, unos del civilismo y otros herederos de la dictadura y, éste, un híbrido de los dos sectores.

Creemos que ha llegado el momento de retomar esa cruzada en la búsqueda de justicia. Al magistrado Spadafora –sin querer ser insidioso– le podríamos recomendar que renuncie a su cargo (se una a su familia) y, junto a otros sectores, ayude a hacer los señalamientos del porqué sus familiares y la ciudadanía en general desconfían de la justicia.

Que seamos un pueblo virtuoso o corrupto, depende de la justicia. Como un aldabonazo a nuestra conciencia ciudadana está la sentencia de Simón Bolívar, hace casi dos siglos: “La corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos”.

Hay indulgencia y hay impunidad, por eso tenemos una compulsión al “juega vivo” en todo y lo peor, en la política. Por eso entran millonarios y salen multimillonarios, o compran diputados o partidos o no cumplen su palabra o practican nepotismo o regalan tierras de la nación...

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