LIBRE COMERCIO

El TPC, un eufemismo: Antonio Saldaña

El tratado de promoción comercial, así denominado por el gobierno anterior y negociado por tres administraciones, no es más que un eufemismo (“Palabra o expresión con que se sustituye a otra más grosera, impertinente, violenta o que se considera tabú”) para designar lo que a todas luces es el tratado de libre comercio (TLC) entre Panamá y Estados Unidos, que entró en vigencia el pasado 31 de octubre.

Lo cierto es que de los 7 mil productos intercambiables, solamente unos cuantos están enunciados en el primer contingente negociado a partir de la fecha de vigencia del tratado, de aquí para allá: camarones, langostinos y langostas congelados, y de allá para acá: uvas, melones, manzanas, peras, entre otras frutas.

En derecho se dice “para no hacer ilusorias las pretensiones” y en economía y política “para no crear falsas expectativas”, no debemos esperar que en el corto plazo, el país pueda estar importando productos de la canasta básica provenientes de Estados Unidos, a cero aranceles.

La triste, pero verdadera realidad, es que los tratados de libre comercio son las herramientas del neoliberalismo utilizadas por las trasnacionales de los países altamente desarrollados, verbigracia, Estados Unidos, para ampliar sus mercados en esta convulsionada época de crisis cíclica del capitalismo.

En el presente la balanza de intercambio comercial de Panamá y el país del norte es exponencialmente desigual, por ejemplo, en el año 2010 nosotros importamos productos por un monto de 6 mil millones de dólares y exportamos hacia Estados Unidos bienes por la suma de 379 millones de dólares.

Como se puede observar a simple vista, se trata de una diferencia abismal y se presume que la contraparte del TLC duplicará sus exportaciones, esto es, ascenderá a unos 12 mil millones de dólares, mientras que en Panamá se desconoce los indicadores de exportación hacia el norte, las perspectivas no son del todo satisfactorias.

Por otro lado, desde el inicio de las negociaciones del TLC, se dijo que el mismo arrojaría del mercado a algunos productores por razones de competitividad y que el Estado, con la finalidad de mitigar los efectos negativos debía acompañar a esos sectores productivos excluidos hacia un proceso de reconversión económica, sobre todo, para aprovechar algunas oportunidades competitivas. Sin embargo, es muy poco lo que se ha hecho al respecto.

Pienso que el Gobierno aun tiene la oportunidad de otear hacia el sector agropecuario y apuntalar este sector con apoyo económico, tecnológico y de investigación a objeto de garantizar la seguridad alimentaria de todos los panameños y la seguridad jurídica y social de un sector que alberga algo más de 400 mil personas.

Finalmente, debemos indicar responsablemente que un instrumento de derecho internacional público como lo es el TLC Panamá-Estados Unidos, cuyo texto normativo consta de 22 capítulos, 18 anexos, 13 cartas adjuntas y un número plural de documentos de contingentes arancelarios, es susceptible de observar, no con optimismo desbordante, sino con optimismo cauteloso.

¡Así de sencilla es la cosa!

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