UNIVERSIDAD DE PANAMÁ

Tener 75 años y ser docente: Heriberto Torres Acosta

Recientemente, el Consejo General Universitario de la Universidad de Panamá –la emblemática y mayor del país– decidió ordenar una evaluación de docentes, con 75 o más años de edad, con el propósito de efectuar selección para corresponder a la deseada calidad académica. Tarea nada fácil si, por más objetividad de los criterios aplicados, reconocemos lo multifactorial en la presencia de esos docentes.

¿Será un acto justo, apegado al derecho y respetuoso de la dignidad humana? ¿Se ha estimado el impacto y costo–beneficio, estudios de alternativas y prioridades en el proceso?

Quiero creer que por ser nuestra universidad la reserva moral de la patria y poseer buenas competencias en el racionamiento humano, esas interrogantes han sido despejadas serenamente. Pienso que tal medida es parte de un plan estratégico debidamente madurado, con participación y consulta ampliada, para fortalecer el contexto universitario y crear nueva relación de producción para elevar la productividad general.

No creo que quienes aprobaron la decisión de aplicar evaluación, para seleccionar a docentes de 75 años o más, solo tomaron en cuenta su edad y vejez: que lógicamente trae algunas incompetencias, en algunos casos, pero no es una enfermedad ni única referencia para aceptar o descartar a un ser que debe haber acumulado experiencias y conocimientos valiosos en sus muchos años de docencia.

Quizás se deben consultar criterios y hasta normas para determinar si un docente, con tantos años de vida o un cúmulo de cartones (créditos), posee la calidad-perfil requerido para ser docente universitario.

Existen muchos casos de hombres y mujeres, con 80 o más años, que han dado grandes frutos a este país y al mundo: Moisés, Sócrates, Porras, Moscote, Matamoros, Sogandares, Vitín Paz, etc.

Hombres y mujeres con buena herencia genética y calidad de vida llevada. Solo las políticas con tendencia fascistoides condenan la vejez como delito o pecado; además de los enfoques neoliberales. Sabemos de la lucha generacional y hasta la guerra de cartones (llámese créditos académicos), producto de una sociedad altamente consumista y competitiva, con un materialismo que prioriza el ingreso monetario como imagen o solución para obtener todo clase de poder.

También sabemos que los avances de la ciencia, la tecnología de la información y de la democracia han garantizado la extensión de la vida y oportunidades de superación intelectual para ancianos. Tenemos una universidad de la tercera edad, como oferta y oportunidad para la superación en conocimientos, que incluye a los ancianos.

Respetemos y consultemos nuestro pasado (vejez) para comprender el presente y construir el futuro. Copiemos la cultura de otros países, donde se hace culto a la vejez para enriquecer la sabiduría colectiva.

Aplaudimos la búsqueda de nuestra universidad para elevar las competencias de los docentes, pero sin afectar principios ciudadanos; ganando autoridad y liderazgo en la transformación de nuestra educación y la creación de un nuevo modelo de sociedad.

Cuidemos el pasado con valor presente y futuro; y sepamos relegar presentes que no tendrán valor significativo en el pasado ni en el futuro. Hay muertos que siguen viviendo; mientras existen vivos que están muriendo.

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