INCIDENTES DE VIOLENCIA

Terremoto en el PRD: Carlos Guevara Mann

Cuatro meses después de que se filtrase una grabación según la cual un candidato del partido ordenaba vapulear a un contrincante, el PRD ha sido estremecido por otro incidente delictivo, esta vez mucho peor que el anterior. Un lamentable hecho de sangre –el asesinato a tiros del abogado Juan Ramón Messina– promueve la imagen de violencia que acompaña al PRD desde su fundación en 1979 como el brazo político de una dictadura represiva y corrupta.

Esta imagen tiene sustento en las actividades del partido durante su primera década (1979-1989) cuando perredistas “históricos” desenfundaban armas de fuego y blandían palos y machetes para aterrorizar a sus adversarios. Las refriegas y tiroteos de las elecciones de 1984 y 1989, organizadas por el PRD y cuadrillas de maleantes (muchos de ellos, delincuentes comunes) que respondían a la dictadura, están aún frescas en la memoria de la sociedad pensante.

Por ejemplo, el 7 de mayo de 1984, según los historiadores Araúz y Pizzurno, “un grupo paramilitar denominado ´Comando Especial´ del PRD, bajo las órdenes de Silverio Brown, un delincuente común, irrumpió en el recinto de la Junta Nacional de Escrutinios e incluso atacó con armas de fuego a numerosos simpatizantes de la ADO [Alianza Democrática de Oposición] que se encontraban en los predios del Palacio Justo Arosemena. El trágico resultado fue de dos manifestantes muertos (José Ángel Gutiérrez Vega, quien falleció inmediatamente y José de la Concepción Rojas Coloma, el 2 de junio) y 40 heridos” (Estudios sobre el Panamá republicano, págs. 604-5).

En esa ocasión, con el apoyo de las Fuerzas de Defensa comandadas por Noriega, el PRD logró imponer en la presidencia de la República a Nicolás Ardito Barletta. El escandaloso fraude electoral de 1984, orquestado por el PRD y los militares, frustró las aspiraciones cívicas de cientos de miles de panameños y cerró las puertas a una transición pacífica y ordenada al sistema democrático de gobierno.

En 1989, el PRD, nuevamente en asocio con las Fuerzas de Defensa y el apoyo de bandas de paramilitares nacionales (los tristemente célebres “Batallones de la Dignidad”) y extranjeros, intentó una vez más imponer a su candidato, Carlos Duque (en la actualidad presidente vitalicio del partido). Uno de los episodios más violentos de esa jornada, en que participaron el PRD, las bandas aludidas y las Fuerzas de Defensa, tuvo lugar el 10 de mayo de 1989 en el parque de Santa Ana.

Según Araúz y Pizzurno, en esa ocasión “paramilitares y terroristas libios atacaron a los máximos representantes de la nómina oposicionista, Endara, Arias Calderón y Ford, causándoles serias heridas y golpes al primero y al último, al igual que la muerte de Alexis Guerra, uno de los miembros del cuerpo de seguridad de Ford, mientras que Humberto Montenegro quedó gravemente lesionado. Escenas de esta salvaje represión fueron presenciadas en el extranjero y demostraron que en Panamá imperaba una dictadura dispuesta a mantenerse en el poder por los medios que fuesen” (Estudios sobre el Panamá republicano, pág. 632).

Además de evocar su pasado de agresividad e ignominia, los incidentes de violencia en que recientemente han tenido participación miembros del partido retratan al PRD como una agrupación infiltrada por el pandillerismo y el crimen organizado. Esto, obviamente, afecta las aspiraciones electorales del PRD y su candidato a la Presidencia, a quien dichos sucesos y otros hechos –como los sospechosos conciliábulos y el transfuguismo de muchos integrantes– proyectan como un líder débil e incapaz de controlar las inclinaciones pendencieras y mafiosas de algunos miembros de su partido.

En adelante, superar la percepción de fragilidad e ineficacia que estos eventos han diseminado será una carrera cuesta arriba para Juan Carlos Navarro.

En cuanto a los demás partidos y candidaturas, incluyendo las del oficialismo y el binomio panameñista-popular, harían bien en recordar que la violencia afecta a todos los sectores de la sociedad política. El pueblo llano, municipal y espeso tiende a meter en el mismo saco a todos los políticos del patio, atribuyéndoles a todos las proclividades malsanas que algunos exhiben.

Si pretenden la confianza ciudadana, deben esforzarse, a través de sus declaraciones y actuaciones, en presentar posiciones serias, sensatas y coherentes, evitando el lenguaje chapucero y los comportamientos criminales que, lamentablemente, configuran la conducta de algunos autodenominados “políticos” en Panamá.

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