EL MALCONTENTO

Tráfico de nombres: una forma de entender el poder: Paco Gómez Nadal

A mí siempre me pareció el colmo de la falta de pudor el hecho de que siendo rector de la Universidad de Panamá Gustavo García de Paredes él mismo pusiera su nombre a una calle principal del campus. Utilizaba yo esta anécdota para describir la personalidad del rector y la falta de elegancia que alguna gente demuestra cuando llega al poder. El mismo rector, hábilmente, experto él en el tráfico de nombres propios y ajenos, decidió bautizar la nueva biblioteca de la Facultad de Odontología como “Ricardo Martinelli Pardini”: un buen gesto ante el entonces candidato presidencial mejor situado que, por supuesto, asistió orondo a la inauguración de la biblioteca que llevaría el nombre de su padre.

Con “Ricardo Martinelli Pardini” se ha traficado más. El Ministerio de Salud de este gobierno le puso ese mismo nombre al primer Centro de Atención Innovadora (Minsa-Capsi) en Las Garzas de Pacora y, también, existen las becas “Ricardo Martinelli Pardini” para estudiantes de Medicina. Parece que el pudor y la prudencia son bienes escasos en estos días. Uno podría pensar que esta obsesión de ponerle el nombre del papá del Presidente a todo lo que se mueve (y a lo inmóvil) es de algunos manzanillos que quieren congraciarse con el mandatario. Pero... no. El mismísimo Ricardo Martinelli decidió ponerle el nombre de sus familiares más cercanos a unos cuantos juguetes costosos.

Si yo fuera la mamá de Ricardo Martinelli no estaría orgullosa de que mi hijo pusiera mi nombre a la tuneladora “Gloria”, que hurga en las entrañas de la ciudad para abrir huecos por los que pasarán todas las aguas negras de la capital. Tampoco parece muy romántico que los panameños, que sufran los monumentales trancotes durante los próximos años por causa de las obras del Metro, menten el nombre de las tuneladoras “Marta” y “Carolina” y las consecuencias de su ingrato trabajo de arañar la tierra.

GMC (Gloria, Marta y Carolina) son las iniciales, por tanto, de los gusanos que trabajan bajo nuestros pies y la prueba de que el egocentrismo del Presidente no tiene límites. Lo siguiente será decorar la tercera fase de la cinta costera con murales que representen imágenes familiares de los Martinelli y compañía. Sería una inversión artística y patriótica mínima en un proyecto desproporcionado ($776.9 millones) y que, incluso, podría desarrollar Odebrecht como ñapa (ya que si hay una gran beneficiada del crecimiento económico de Panamá es esta empresa brasileña que se lleva todos los contratos, a dedo y por montos astronómicos, desde la administración Torrijos).

Uno pensaba que esos tiempos habían pasado, que la obsesión de perpetuar los nombres y rostros de la parentela era de viejos reyes o señores feudales con muchas paredes de castillo que cubrir. Es evidente que no es así y pronto contrataremos a los pintores de la corte (los bufones ya lo hace gratis).

Todo esto parece una broma. Podría serlo. Pero es demasiado serio, demasiado significativo de una forma de entender el poder. Hoy más que nunca, viendo cómo el Presidente y su equipo actúan con total impunidad, creo que no hay solución a la vista. Martinelli está consiguiendo, de forma ruidosa, terminar su estrategia para tener mayoría absoluta en la Asamblea Nacional y garantizar su reelección inmediata. Eso significaría que cuando Chello Gálvez lo intentó hace unos meses, no es que estuviera desencaminado, sino que pecó de torpeza, de precipitación. Hay Super P-99 para rato.

Martinelli llegó para mandar, como prometió, y lo hace (por encima, incluso, de aquella vieja Alianza que lo llevó a Las Garzas). Pero lo que no ha conseguido es la eficiencia empresarial que prometió hasta el hartazgo durante su campaña presidencial. Las graves crisis en los sectores de la salud y la educación, la excesiva cantidad de metidas de pata, las medio verdades en los megaproyectos, el retroceso en la transparencia de la gestión pública, el transfuguismo político alentado desde el propio Ejecutivo, la justicia amordazada, la venta de Panamá a cachitos (ahora Darién será mina de oro negro), el reparto del botín (vean el famoso parque de Paitilla)... Lo siguiente será nombrar heredero, porque esta Presidencia se empieza a parecer demasiado a una monarquía. Eso le daría puntos al mandatario, porque los ciudadanos (en todo el planeta, indolentes y acomodaticios) gustan de la realeza y del glamour que trae consigo. Mireya se fue a Mónaco a buscarlo; Martinelli lo está construyendo a su manera en la misma ciudad de Panamá.

(Cuando usted acabe de leer este artículo ya habrá posteados varios comentarios del visitante semanal que, cuando cuestiono al Gobierno, responde con fervor patriótico y odio xenófobo. Espero que hoy se esmere y sea original: le he dado varios temas).

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