POLÍTICA EXTERIOR

Estados Unidos y América Latina, vecinos distantes: José A. Friedl Zapata

La política exterior de la administración Barack Obama con respecto a América Latina puede ser considerada una relación distante, como inexistente. Hay una notable ausencia de prioridades en proyectos concretos para la región y su segundo mandato indica que repetirá la falta de iniciativas que caracterizó al primero.

Obama privilegia la agenda comercial con Asia, Europa y algunos países del Pacífico, pero no le presta mayor atención a la región, en su conjunto. En su campaña electoral, en 2008, prometió lanzar una estrategia que llamó: “Una nueva alianza de las Américas”, sin haber iniciado ninguna realmente seria en su primer mandato. Ahora, tras su viaje protocolar a México y Costa Rica, publicó un artículo titulado: Cómo mejorar nuestra alianza con América Latina, en el que habla de promesas para nuestro hemisferio, mencionando un brillante futuro en las relaciones interamericanas. La realidad muestra, sin embargo, que esta relación no solo se ha estancado, sino que se ha tensionado en las últimas semanas.

Hoy América Latina desempeña un papel mucho más importante internacionalmente que años atrás y tendría sentido una cooperación de Estados Unidos (EU) con el continente, en una agenda de alcance global, pero Obama no lo entiende así. No ha entendido que la época de las hegemonías terminó. El éxito económico de varios países latinoamericanos hizo que la zona se volviera más independiente y diversificara sus socios internacionales.

El estancamiento en las relaciones lo muestra, por ejemplo, el hecho de que en 2000 el comercio entre EU y la región representó el 39% del comercio total del vecino del norte, bajando al 38% en 2012, según datos del Departamento de Comercio de EU. Mientras tanto, China, India, Irán buscan nuevos mercados en el espacio al sur del río Bravo.

El empeoramiento de las relaciones no se limita solo a lo comercial, sino a lo político. Hay gran decepción en Brasil por el rechazo de su propuesta de negociar un acuerdo bilateral relativo al tema del espionaje, luego de que se supiera, en base a documentos filtrados por el informante Snowden, que la propia Presidenta era espiada por organismos de seguridad estadounidenses. El ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, declaró que el espionaje e interceptación de datos son hechos graves e implican la violación de los derechos humanos, de la soberanía brasileña y de los derechos consagrados en la Constitución de su país.

En agosto pasado, en una visita a Brasilia el secretario de Estado John Kerry evitó responder a preguntas de la prensa sobre si EU dejaría de espiar al país sudamericano. O sea que Brasil está muy molesto por la forma de actuar de la administración Obama, igual que lo están varios países más, debido a las declaraciones poco diplomáticas de Kerry, quien ha demostrado muy poco interés por la región. Él, en una audiencia parlamentaria, en Washington el 18 de abril, afirmó que Latinoamérica era “nuestro patio trasero”, frase que ofendió a toda la clase política de la región. El hecho es que Kerry no acompañó a Obama en su última gira por Costa Rica y México.

La relación de EU con su tradicional socio México tampoco pasa por su mejor época debido a las filtraciones de espionaje sobre ciudadanos e instituciones mexicanas que realiza la Agencia de Seguridad Nacional, de EU. México exige una investigación exhaustiva de estos hechos y condena la actuación de Washington.

La administración Obama desperdicia una inmejorable coyuntura política para mejorar sus relaciones con Latinoamérica. En primer lugar, porque la imagen de Obama, a pesar de sus traspiés políticos local e internacionalmente, y de lo ya indicado, es buena en el continente; porque su reelección se concretó gracias al masivo voto de la minoría hispana, que indirectamente espera que mejore el acercamiento de EU con sus países de origen; y, por último, por la baja cuota de antiamericanismo en el continente, debido a cambios fundamentales en las relaciones humanas entre el sur y el norte.

Hay cerca de 50 millones de hispanos que viven en EU. Las dos Américas están más cerca que antes y muchos latinoamericanos tienen familiares o amigos en esa nación. Ante esta realidad, Obama debería involucrarse más en los temas económicos y políticos del continente. La tesis de la no-confrontación con sistemas que no respetan la libertad de prensa y principios democráticos, debería ser revisada. Avanzar en este campo minado de la geopolítica regional no es fácil, pero, ciertamente, Obama podría tener una política más eficaz para confrontar estos desafíos. Quizás todavía está a tiempo de dejar de ser un vecino distante. Ojalá.

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