ADECENTAMIENTO

Urge retomar los valores por el bien de Panamá: Alfredo Hidrovo

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Urge retomar los valores por el bien de Panamá: Alfredo Hidrovo

Ya tengo varios días con una inquietud en mi mente y mi corazón. Me he sentido incómodo y no he querido aceptar que una historia tras otra compromete el nombre de mi país, debido a la deshonestidad de ciertos personajes. Y, realmente, esto ha sido de lo que se ha hablado en Panamá desde las últimas elecciones, de los deshonestos del gobierno pasado, de los Panama Papers, de Odebrecht, del grupo Waked y del Canal de Panamá. Las historias que salen a relucir de nosotros, los panameños, son como un cáncer en la sociedad.

Llamé a mis hermanos, que realmente saben de política –pues eso no es lo mío– y traté de que me dijeran algo que fuera diferente a lo que yo ya sabía. O mejor dicho, no quería aceptar la realidad; no quería escuchar que vivimos en un paraíso fiscal. En nuestra sociedad se vive un enloquecimiento por ser millonarios y, al ir en busca del mero dinero, abandonamos nuestros valores. El dinero es la recompensa del trabajo, y el trabajo es amor. Cuando hay un propósito en la vida y hacemos lo que amamos, tendremos esa recompensa; disfrutaremos trabajar, con amor, y respetar lo que hacemos, al igual que lo que otros hacen. Todos los trabajos hechos con amor y con un buen propósito son dignos.

Ayer leía que el trabajo es la manifestación del amor que une a los seres humanos, y a través de este descubrimos que no somos capaces de vivir sin el otro, y que el otro también necesita de nosotros. Y pensé: “Pongamos en la tabla de valores lo que la familia Waked hizo y demos un orden de importancia para la vida a lo siguiente: ¿Creen ustedes que en este instante hay alguna cantidad de dinero que valga más que la libertad, que la honestidad, que los valores familiares, que la dignidad, que el precio a pagar por ensuciar el nombre de todo un país, que los daños hechos a miles de personas que posiblemente queden desempleadas por la deshonestidad de una sola familia?

Cuando no tenemos problemas, puede que estemos dispuestos a tirar los dados, jugárnosla e irnos por lo fácil. Pero cuando tenemos a la ley encima, ahí si ponemos en perspectiva lo que es realmente importante. Pensaba, por ejemplo, en una tienda de renombre, como Félix B. Maduro. ¿Saben cuántas generaciones construyeron, con mucho trabajo, esa empresa y le dieron un peso a ese nombre? Me imagino que ha sido mucho el trabajo, la perseverancia, el sobrellevar obstáculos y demás. Ahora, por la deshonestidad de quienes compraron esa empresa, ha bastado un instante para hacer añicos el nombre.

Y seguirán saliendo más cosas en nuestra sociedad (“suciedad”, como pensé), si seguimos actuando de esta manera; si contaminamos nuestras fuentes de agua y botamos basura por doquier; si apoyamos la deshonestidad, el “juega vivo”; si no valoramos a nuestras familias, no cultivamos los buenos valores, no le enseñamos a nuestros hijos el valor de lo que hacemos y lo que hacen los demás; si despreciamos la vida humana y la vida, en general; si descuidamos el medio ambiente; si no entendemos que el pueblo escoge a los gobernantes y que todos ellos son empleados nuestros y deben rendir cuentas; si no elevamos nuestros estándares de vida; si no entendemos que el amor es la respuesta y que enseñamos con el buen ejemplo. Podría seguir con esta lista hasta que me aburra.

¿Y qué ves tú, panameño? Nuestro pequeño país con tantas riquezas nos ha dado mucho. Ha sido sumamente generoso con todos. En el tiempo que llevamos de ser Panamá, los piratas siempre han existido. Y aunque estos nos saquean, una y otra vez, nuestras arcas tienen mucho, sin embargo, no existe un pozo sin fin. Aquí hay suficiente para todos, pero el valor de Panamá no está en el dinero.

Pongamos todo en perspectiva. El valor de nuestro país está en darle a nuestros hijos –y digo a todos– la mejor educación. La inteligencia y la verdad deberían ser las cualidades para la sana competencia en nuestra sociedad, y no el apellido o a quién conozcas. Que el futuro de nuestra nación no se vea comprometido por no tomar estas acciones ya, pues no hay tiempo que perder.

El nombre de nuestro país es como una tela que ha sido tejida por hilos que han tomado años en entrelazarse y tejerse. Y así como el nombre Félix B. Maduro tomó segundos en desintegrase, así le está pasando al nombre de nuestro Panamá. Tomará mucho tiempo más en que estos hilos vuelvan a tejer una tela que nos arrope a todos con los buenos valores que la mayor parte de los panameños honestos han tomado una vida en tejer.

Empecemos a crear una nueva realidad, ¡Panamá! Una realidad honesta y positiva para todos los ciudadanos. Tú eres parte de esta sociedad, si todos tomamos acción podemos generar un cambio mayor. Yo amo a mi país. ¿Y tú?

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