DEFORMACIÓN

Uso de la fuerza en educación: Jorge Luis Macías Fonseca

La represión al movimiento estudiantil, en particular, y al popular, en el sentido general, ha sido la tónica de las fuerzas armadas que buscan siempre acallar las voces contestarias al statu quo. No se ha descartado ese método, pero sí renovado con bríos cada vez que hay una expresión de rebeldía. La reciente incursión de la Policía en el Instituto Nacional, levantó muchas opiniones –la mayoría adversa– y generó el debate sobre el accionar del movimiento estudiantil y las respuestas del poder político en el Gobierno.

No cabe duda de que asistimos a un retroceso manifiesto en cuanto a la formulación de un verdadero proyecto de reivindicación estudiantil que proponga fórmulas para hacer una mejor educación y un excelente país. Inmerso en la realidad, el estudiante, en el pasado, tuvo la capacidad de ser parte eficiente de la lucha popular. Sus postulados eran sublimes y sus métodos, siempre enérgicos y firmes, procuraron no caer en al caos. Había dirección y conciencia. De ahí deriva, el preferencial sitial ocupado en el movimiento social panameño. Hoy, la variación en la conducción de los reclamos, sin un claro derrotero deformó la intención del movimiento estudiantil, llevando a las “justificaciones” de fuerza para rechazarlo. Es decir, está dando argumentos que parecieran legítimos, para repeler aspiraciones que pudieran ser justas. La fuerza no debe ser tenida como una opción, pero igual el movimiento estudiantil tiene que revisarse internamente. Lo ocurrido en el Instituto Nacional nos retrotrae en el tiempo al 9 de diciembre de 1998, cuando las hordas policiales incursionaron violentamente en la Universidad de Panamá.

Transcribo parte del artículo “Recordando la violación a la autonomía”, de Domayka Olivares: “Lo que caracterizó aquella protesta fue que en la misma participaban, en su mayoría, jóvenes sin ninguna vinculación con los tradicionales grupos activistas universitarios y estudiantiles. Se incendiaron llantas, basureros y se intentaba repeler la presencia de los antimotines con piedras, palos y bombas molotov. Los uniformados respondieron con disparos de balas de goma y bombas lacrimógenas... Sorpresivamente un comando de antimotines al mando del subcomisionado Luis Gordón, penetró violentamente por varios puntos a la Universidad, provocando un gran disturbio donde los policías agredieron prácticamente todo lo que se atravesara en su camino, incluyendo periodistas, estudiantes, mujeres e incluso el Rector, quien producto de la horda, cayó de rodillas al piso”. En ese evento, el gobernador Eduardo Herrera fue señalado como el autor intelectual, y posteriormente fue indultado por el presidente Ernesto Pérez Balladares.

La fuerza se tiene como el elemento persuasivo, tanto así que se ha desarrollado la práctica de mantener policías dentro de escuelas, colegios y universidades para “salvaguardar la vida y honra” de docentes, estudiantes y administrativos, en una clara manifestación de impotencia e incapacidad de resolver los problemas de seguridad. Con esto, lo que hacemos es acondicionar una actitud, en términos de ver normal la presencia de la fuerza en los centros educativos, tanto en tiempos de calma como en los de agitación estudiantil.

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