CAMPAÑA POLÍTICA

Ni Varela ni Navarro: Jorge Gamboa Arosemena

Como en carnaval o patronales, cuando suenan las tunas de calle arriba y de calle abajo la algarabía impide que los mensajes se escuchen. Así pasa cuando arrancan las campañas políticas. No es que los alejados de usted no le escuchen, sino que hasta sus allegados pierden la cordura por creer que “el tren los va a dejar”. Excitados y poco reflexivos van alineándose con alguna campaña.

Panamá vive una crisis que permea todos los ámbitos de la vida ciudadana. Lo político, lo social y lo económico sufre. Cuando lo político anda mal, todo anda mal. Muchos dirán que estoy equivocado, porque lo económico anda bien. Pero ¿cómo no va a andar mal lo económico, para la nación panameña, si nos hemos ido desnacionalizando con la cacareada inversión extranjera que ha comprado empresas de panameños, además de la venta o concesión de todo lo inimaginable al capital extranjero?

Pero volviendo a las fanfarrias de las campañas electoreras, vemos que los discursos tratan de hacer ver que los candidatos tienen la varita mágica para solucionar los problemas. Hablan de bajar canasta alimentaria, de mejorar la seguridad, igual el transporte, la educación y la salud, sector que hoy está dando la batalla como última barrera ante la desnacionalización de prácticamente toda la vida nacional.

Cuáles de estos candidatos, a presidente, alcaldes, diputados o representantes hablan de que el problema de Panamá está en dos ejes, los cuales si no se enderezan harán que sigamos degradando. Esos ejes son la célula de la sociedad, la familia y la organización de esa sociedad, el Estado. Si familia y Estado no se rescatan, esos aspirantes a ocupar cargos de elección, aunque bien intencionados, fracasarían. Pero como la mayoría no lo está, serán otros demagogos más que engañan y frustran al pueblo.

El caos está regentado por los magnates del oficialismo, elementos que ya no se les puede dar el beneficio de la duda de que están bien intencionados, a no ser que los califiquemos de morones. Los oficialistas siguen sumando a tránsfugas de oposición y uno que otro independiente, los cuales parecen tener muchas ambiciones y poca autoestima, porque acercarse a un bando liderado por quien en entrevista reciente rompió sus mejores registros anteriores de insensatez, no solo siendo irrespetuoso con el pueblo, sino que hasta confesó violaciones de normas constitucionales, legales y morales.

La llamada oposición está supuestamente encabezada por los candidatos del panameñismo y del PRD. Pareciera que ninguno de los dos Juan Carlos le ganaría al candidato oficialista por toda una campaña fraudulenta desde antes de empezar oficialmente la campaña. Ese candidato o el que requiera el dueño de ese partido, será llevado por los millones de la propaganda y el clientelismo que 75 mil millones de balboas en cinco años de presupuesto han desvirtuado en la correcta instrumentación de la política.

Pareciera que uno de los Juan Carlos debe desistir y apoyar al otro. Difícil porque ambos hace cinco años accedieron a ser segundones y sus egos no se los permitirá. Por eso es que ninguno de los dos debe ser y para que no haya resquemores entre los llamados dirigentes de ambos partidos, debería esta alianza ser encabezada por un independiente y llevar a muchos independientes a los diferentes cargos.

Pero la alianza no puede ser para gobernar por cinco años, porque eso sería como tratar de llevar una recua de michos por tierra de Panamá a David. Esa alianza debe ser para devolver la institucionalidad democrática perdida, reestructurando el Estado e iniciando el rescate de la célula de la sociedad, la familia.

Esa reestructuración del Estado se daría mediante un proceso constituyente que no tiene solo como fin redactar un nuevo contrato político recogido en una nueva constitución, sino servir de formador de demócratas que se comprometan a defender la nueva república, no como sucedió en 1946 que luego de una crisis de gobernabilidad se hace una constituyente elitista que no consiguió compromisos con la ciudadanía que dos años después, de semejante ejercicio, permitió el fraude de 1948.

La alianza constituyente que se forme bajando a los Juan Carlos debe ser lo más incluyente posible, buscando a los independientes y al nuevo partido, el FAD, el que si no entra en la alianza, debe participar en la constituyente originaria que convoque el gobierno elegido en mayo de 2014, que actuaría hasta que proclamada la nueva constitución haya nuevas elecciones y cada oveja con su pareja.

Los tiempos se agotan y las millonadas que manejan los oficialistas pueden torcer lo correcto. O se hace una alianza constituyente con los más íntegros, aptos e ilustrados o repite el oficialismo y la oligarquía plutocrática que está haciendo “negocios” con algún agente manejable.

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