BUENAS PRÁCTICAS

Vigilancia en materia de cooperativas: Luis Gaitán Miranda

La Alianza Cooperativa Internacional (ACI) define a las cooperativas como “asociaciones autónomas de personas que se unen voluntariamente para satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes, por medio de una empresa de propiedad conjunta democráticamente gestionada”.

La ayuda mutua, la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad son valores grandilocuentes que abundan en declaraciones y comunicados cooperativistas.

Sin embargo, a veces la realidad se tiñe de oscuro cuando las cooperativas se alejan de las buenas intenciones iniciales. Un ejemplo reciente es el caso de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Empleados de la Caja de Seguro Social, R.L. (Coacecss) en que los malos manejos administrativos provocaron su deterioro financiero y posterior liquidación, poniendo en riesgo la recuperación de $95 millones en depósitos de miles de ahorristas.

Como resultado, la angustia y la tensión entran en escena provocando reclamos airados de los ahorristas ante la posible pérdida de los ahorros de toda una vida.

De acuerdo al Instituto Panameño Autónomo Cooperativo (Ipacoop) hasta septiembre de 2012 existían 583 cooperativas, con 214 mil asociados y un patrimonio total de $394 millones, de las cuales 168 se dedicaban a actividades de ahorro y crédito, agrupando por sí solas a 120 mil asociados y un patrimonio de $200 millones.

Con el 50% del patrimonio cooperativo nacional y la mitad de los asociados del país expuestos a riesgos financieros de la misma naturaleza que los manifestados en el caso de Coacecss, urge que los interesados velen por el buen gobierno cooperativo en entidades de ahorro y crédito donde depositan su patrimonio. A continuación presentamos las prácticas más importantes:

1. Participar activamente y con ánimo inquisitivo de las asambleas para conocer el estado de los negocios de la cooperativa que, a fin de cuentas, son realizados con los recursos que aportan los asociados.

2. Estar atentos a la injerencia de los órganos cooperativos en actividades que sobrepasen las facultades establecidas. Se deben dejar claramente establecidos los deberes y derechos de los órganos de dirección (junta directiva y gerencia) y de los órganos de control (junta de vigilancia y comité de crédito).

3. Exigir programas de formación en temas financieros a los miembros aspirantes a los órganos de gobierno que sirvan como relevo generacional bien formado y evite la perpetuidad de un grupo selecto en la dirección y control de la cooperativa.

4. Velar por la independencia y el buen juicio financiero del comité de crédito ya que ahí es donde se asignan los créditos, fuente de riesgo primaria.

En conclusión, la apatía y el desconocimiento de la mayoría de los asociados del estado de los negocios de la cooperativa pueden derivar en el control de una minoría y en el uso indebido de los recursos. Ya cuando se ha llegado a esta circunstancia no sorprende que los directivos persigan objetivos distintos a los acordados en buena fe por los asociados ni que instituciones bien establecidas entren en crisis.

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