MALOS PRESAGIOS

Violencia política: Carlos Guevara Mann

Una supuesta grabación de un supuesto candidato en el que supuestamente ordena partirle las piernas a un supuesto contrincante ha causado alarma en la ciudadanía. Muchos presagian que la campaña electoral (la que, para desgracia de los panameños, ha comenzado demasiado prematuramente) será violenta. Existe esa posibilidad, dados los antecedentes históricos y la inclinación hacia la violencia que exhiben algunos elementos que participan en la política.

Dichos antecedentes se remontan por lo menos hasta los inicios del sistema republicano, en 1821. El período de unión a Colombia es abundante en incidentes de violencia política, desde el régimen de terror instaurado por Alzuru en Panamá, en 1831, hasta los cuartelazos y alzamientos del período federal (1855-1885) y los atropellos del centralismo colombiano entre 1886 y 1903.

¿Quién se acuerda hoy de León A. Soto? Poeta y patriota, falleció en febrero de 1902 como resultado de la golpiza que la tropa colombiana le propinó tras pronunciar un discurso en favor de la emancipación del istmo. Una tunda, por cierto, similar a la que, supuestamente, el supuesto candidato quería procurarle a su supuesto adversario.

Tras la separación de Colombia se suscitaron muchos incidentes de violencia política, especialmente en los períodos electorales. No era infrecuente que los bandos contendientes recurrieran a la fuerza para imponerse a sus contrincantes. En 1931, por ejemplo, el Dr. Arnulfo Arias fue baleado durante una concentración política en la ciudad de Colón.

Las campañas de 1948 y 1968 fueron particularmente violentas, con enfrentamientos entre los “Pies de Guerra” liberales y los “Boinas Negras” panameñistas. En 1955, el presidente Remón Cantera fue ultimado en el hipódromo de Juan Franco. Según investigaciones recientes, su asesinato fue encargado por uno de los narcocarteles vigentes en la época, en asocio con elementos locales desafectos a su gobierno.

Ningún momento de nuestra historia fue tan pródigo en violencia política como la dictadura militar, cuando el régimen castrense instituyó el terrorismo como política de Estado. Desde el golpe del 11 de octubre de 1968 hasta el colapso del régimen, el 20 de diciembre de 1989, la violencia fue el vehículo preferido de los dictadores para enfrentar las demandas ciudadanas de justicia, democracia y libertad.

La Comisión de la Verdad, creada en 2001 para documentar los crímenes de la dictadura, documentó 110 casos de asesinato y desaparición forzada, ninguno de los cuales ha sido definitivamente procesado por el sistema judicial (La Prensa, 19 de mayo). Muchos más fueron los carcelazos, palizas, torturas y exilios propinados por el régimen a sus oponentes para acallar toda voz disidente.

Como si la capacidad represiva de la Guardia Nacional no fuera suficiente para llevar a cabo las acciones de violencia ordenadas por la cúpula militar, el régimen creó fuerzas paramilitares para aterrorizar a quienes se oponían a sus dictámenes e imponer sus fraudes. Las elecciones de 1984, por ejemplo, “constituyeron el ejemplo vívido de un escandaloso fraude perpetrado por las fuerzas armadas contra la voluntad popular”, según los historiadores Araúz y Pizzurno (El Panamá republicano, págs. 604-5).

“Al día siguiente de los comicios”, añaden los historiadores, “un grupo paramilitar denominado ´Comando Especial´ del PRD, bajo las órdenes de Silverio Brown, un delincuente común, irrumpió en el recinto de la Junta Nacional de Escrutinios e incluso atacó con armas de fuego a numerosos simpatizantes de la ADO [Alianza Democrática de Oposición] que se encontraban en los predios del Palacio Justo Arosemena. El trágico resultado fue de dos manifestantes muertos... y 40 heridos”.

Años más tarde, el reo privilegiado de El Renacer creó los mal llamados “Batallones de la Dignidad”, así como la “Comisión para la Defensa de la Patria y la Dignidad” (Codepadi), cuyos miembros se dedicaron a maltratar a la ciudadanía opuesta al régimen. El 10 de mayo de 1989, tras la anulación de las elecciones generales celebradas el 7 de mayo, integrantes de estos grupos paramilitares atacaron salvajemente al presidente Guillermo Endara y al vicepresidente Guillermo Ford. Las fotografías de ambos candidatos, gravemente heridos, dieron la vuelta al mundo.

En las elecciones llevadas a cabo tras el desalojo de la dictadura, la violencia no ha irrumpido en el escenario político como solía hacerlo hasta 1989. Sin embargo, como algunos sujetos que antes practicaron y se beneficiaron de la violencia aún se mantienen vigentes en el ámbito electorero, hay que tomar las medidas urgentes para prevenir su resurgimiento.

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