Cómo Washington respondió al 9 de Enero

Otro documento secreto de la Casa Blanca, fechado el 21 de enero de 1964, enumera no menos de 28 medidas que Washington estaba dispuesto a considerar en su esfuerzo por complacer a Panamá sin renegociar el tratado de 1903

Betty Brannan Jaén

El año pasado, mientras revisaba viejos documentos estadounidenses en el National Security Archive aquí en Washington, encontré algunos (previamente secretos) sobre los incidentes del 9 de Enero de 1964. Sumados a las grabaciones que existen de las llamadas telefónicas del presidente Lyndon Johnson, estos documentos revelan cómo Johnson se esforzó por encontrar alguna manera de complacer a los panameños sin acceder a una renegociación del odiado Tratado Hay-Bunau Varilla.

Más de doscientas horas de las llamadas telefónicas grabadas de Johnson están disponibles por internet en www.C-Span.org. Aunque muchos panameños encontrarán que el acento tejano de Johnson es impenetrable, es un gran lujo tener este acceso íntimo a lo que ocurría dentro de la Oficina Ovalada, especialmente para las 45 llamadas en que Johnson discutió la crisis panameña con sus colegas y asesores.

Era la primera crisis internacional de su presidencia y Johnson no demoró en tomar las riendas del problema. En la mañana del 10 de enero, una de sus primeras acciones fue llamar al senador Richard Russell, presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, para pedirle consejo; Russell le recomendó línea dura porque “fuimos nosotros quienes sacamos a los panameños de la jungla”. Sin responder o unirse a planteamientos de ese tipo, Johnson eventualmente escogió lo que para él era una actitud “muy conciliadora” hacia Panamá, demasiado conciliadora a ojos de Russell.

En síntesis, Johnson pensaba que los disturbios del 9 de Enero habían sido “inspirados por comunistas”, pero reconocía que la insatisfacción panameña con el tratado de 1903 era el problema de fondo. Sin embargo, Johnson rechazaba la idea de renegociar ese tratado y menos quería dar la impresión de que Panamá le estaba forzando la mano.

“No puedo aceptar una renegociación fundamental de la relación [entre los dos países], pero quizás se podría discutir ciertos aspectos del tratado”, expuso Johnson en una llamada el 11 de enero de 1964. Johnson dispuso enviar a Panamá al subsecretario de Estado, Thomas Mann, y al subsecretario de Defensa, Cyrus Vance, y les dio las siguientes instrucciones: “Nosotros escucharemos lo que cualquier gobierno desea exponernos, pero sin compromisos previos de ninguna índole... Si ellos [los panameños] están descontentos con el nivel hasta ahora de estas conversaciones, podríamos elevar el nivel si las relaciones diplomáticas se restablecen. ...Estamos dispuestos a escuchar, pero no a punta de pistola... Podríamos ceder en ciertos puntos del tratado sin alterar los puntos fundamentales... Aunque no aceptaré renegociar la estructura básica del tratado, ello no quiere decir que esa puerta estará cerrada para siempre”.

En verdad, esa es exactamente la misma postura que Washington ya tenía desde antes del 9 de Enero. Un documento secreto de la Casa Blanca, fechado el 26 de diciembre de 1963, señala que aunque “el objetivo panameño es obtener una revisión básica” del tratado de 1903, “la intención estadounidense es contener las presiones panameñas con la consideración de medidas especificas que reajusten la relación con Panamá ...dentro del contexto de los tratados actuales”. En otras palabras, “lo que se propone es, donde sea posible, darle interpretación liberal a los tratados existentes para colocar las relaciones entre Estados Unidos y Panamá sobre una base de mayor satisfacción mutua”. Esto deberá ser suficiente para apaciguar a los panameños, plantea el documento, porque la población y la clase política son básicamente pro-yanqui, aunque el gobierno de Roberto Chiari “ha sido notable por su ausencia de liderazgo”.

Otro documento secreto de la Casa Blanca, fechado el 21 de enero de 1964, enumera no menos de 28 medidas que Washington estaba dispuesto a considerar en su esfuerzo por complacer a Panamá sin renegociar el tratado de 1903. Las propuestas incluían aumentar la ayuda económica, eliminar salarios discriminatorios en la Zona, abrir más empleos en la Zona a panameños, cambiar el gobernador militar de la Zona por uno civil, aumentar la Guardia Nacional de 3000 soldados a 5000, permitir uso panameño de tierras desutilizadas en la Zona, y más.

No he investigado cuántas de estas propuestas llegaron a implementarse pero uno de los historiadores norteamericanos, Walter La Feber, escribe que los zonians se encargaron de obstaculizarlas. Sin embargo, como sabemos, los problemas con Panamá quedaron sobre el tapete durante el gobierno que siguió a Johnson (el de Richard Nixon), en espera del momento -12 años después- en que ese mismo Cyrus Vance que Johnson envió a Panamá en 1964 fuera el secretario de Estado bajo Jimmy Carter.

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