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¿MITO O REALIDAD?

El abuso laboral en las instituciones de salud: Rilda de Saavedra

Al hablar de abuso laboral, debemos tener presentes algunas de las siguientes connotaciones: exceso en las actividades que se realizan, sobrecarga de funciones, ejecución de labores, que no contempla el manual de cargos que describe el puesto que se ocupa; manipulación y/o intimidación, para que el subalterno haga lo que al jefe le conviene; maltrato en las relaciones laborales (gritos, amenazas, ofensas, etc.).

La asignación de responsabilidades que no le competen a un trabajador, al parecer, no es cosa del pasado, se hace patente en nuestros días. Si buscamos su génesis, podríamos encontrarla bajo la excusa de “necesidades del Servicio”. Algunos jefes utilizan esta premisa para desplegar sus maravillosas tácticas de solución de problemas, poniendo en práctica el arte de la manipulación, obligando a los trabajadores a realizar la labor impuesta –a las buenas o a las malas– a que no piensen, a que no digan, a que no vean, solamente interesa que le saquen el trabajo y que satisfagan las necesidades laborales de los de arriba. Señores, por favor, hasta las máquinas de trabajo se dañan, ¿cómo no un humano? ¡Ya basta!

Dejen de ordenar, indicar o dar directrices para que aquellos “resuelve todo” sean los que ejecuten, hagan o carguen con las deficiencias de todo un sistema que se sostiene de la fuerza laboral más frágil, los de abajo; que por muchos motivos deben o tienen que callarse para no ser calificados como mal trabajador, problemático, inflexible, radical, peligroso, con quien no se puede negociar, negativo, cerrado a la comunicación, y de no seguir las órdenes del jefe, amén de los epítetos de los oportunos especialistas y conocedores de la personalidad del inconforme trabajador que siempre suelen aparecer para ampliar la sapiencia del jefe.

Las necesidades de un servicio no tienen por qué traducirse en sobrecarga laboral y menos si esas actividades no suponen salvar una vida. Cuando la necesidad de un servicio se dirige a complacer el ego de un grupo de funcionarios bellacos, eso es abuso laboral, aunque el jefe y sus protegidos y/o beneficiados no lo quieran interpretar de esa manera, porque se encuentran bajo un estado que denominamos “conciencias endurecidas”.

Actualmente, no conocemos si existe alguna instancia dentro del engranaje de salud que pueda sensibilizarse con la clase trabajadora oprimida, que pueda tomar acciones concretas para detener los excesos laborales cuando son denunciados.

El estrés producto de la sobrecarga laboral no fulmina de inmediato, lo hace de forma paulatina, sostenida y permanente; si no cesa, se convierte en un daño crónico, que avanza en lo más profundo del ser, que lacera en estos trabajadores que la padecen hasta en su autoestima. No hay explicaciones ni justificaciones válidas para que se continúe con el maltrato en el trabajo, so pretexto de que ¡así han trabajado toda su vida, el modelo de atención, es así!

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