REFLEXIÓN

El progreso acaricia tus lares: María Judith Arrocha De La Rosa

“El progreso acaricia tus lares, al compás de sublime canción”. Definitivamente debe haber algo que no entendimos en la letra de nuestro Himno Nacional. Pues a mi parecer el progreso y la nación, en estos momentos, llevan rumbos totalmente opuestos, el primero haciendo que la segunda, de forma lenta pero constante, se vaya desvaneciendo ante nuestros ojos, sin que hagamos algo para impedirlo.

No se sientan aludidos las excepciones a la regla, muchos sí hacemos la diferencia. La regla general aplica para aquellos que se quejan de todo, pero sus preocupaciones se limitan a sí mismos: trabajo, hipoteca, universidad, carro, etc. Eso no está mal, sin embargo, estamos tan ensimismados en nuestra propia burbuja que no nos importa nada más.

Podría decirse que soy hipócrita, porque mucho no he hecho tampoco. Pero cuando hablo de hacer no se trata de ir a tirar piedras a todo cuanto se interponga en el camino para expresar nuestro punto de vista. Cuando digo “hacer”, es lograr que quienes lideran el país escuchen nuestra voz, y a no dejar que otros tomen las decisiones que nos atañen, pues es sobre nuestro futuro que deciden. No hablo de meterse en la politiquería que abunda en el país, sino a estar pendientes de las decisiones, leyes, acciones, etc., que toman los que nos gobiernan, pues al final de cuentas muchos de nosotros en un futuro no muy lejano ocuparemos los mismos puestos. Para entonces, al paso que vamos, no tendremos país que dirigir, playas que visitar, selvas que proteger ni agua de que presumir. Vamos hacia la autodestrucción, pero nos quedamos de brazos cruzados y pensamos “eso no me afecta a mí”, pero, ¡claro que nos afecta! porque somos panameños, no extraterrestes, y es nuestro deber defender a la bandera, al suelo y al Estado de todo aquel que le esté haciendo daño. ¿Por qué no lo hacemos? Llegué a la conclusión de que no lo hacemos porque nacimos en democracia, porque no nos ha tocado afrontar limitaciones a la libertad (de cualquier tipo), porque estamos acostumbrados a ser libres, a tener el Canal y a ejercer el derecho al voto. Esto no siempre fue así, nuestros antepasados lucharon para que pudiéramos tener lo que hoy disfrutamos. Desde 1821 Panamá lucha por ser solo Panamá y lo logramos, pero creo que nos hemos dormido en nuestras propias seguridades y ahora somos un pueblo que camina en el presente con vestigios de una nación que no se dejaba engañar y luchaba por la verdad.

Lastimosamente, somos nosotros los que dañamos lo que tanto tiempo costó construir: un país independiente, próspero, en donde privaba el bien colectivo sobre el individual. Si el progreso significa sacrificar la identidad del panameño, entonces no hacemos las cosas bien. Ojalá despertáramos del sueño individualista para actuar en colectividad y proteger lo que, por nacimiento, nos pertenece: Panamá.

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