SOCIEDAD

Lo que nunca podemos aceptar como trabajo infantil: Aisaida L. Batista

He escuchado a algunas personas decir que las actuales leyes en materia de niñez, lo que han hecho es quitar autoridad a los padres. Incluso mencionan, que ellos cuando eran niños tenían que trabajar y que esas experiencias más bien los fortalecieron, que “aquí están” y no les pasó nada.

Efectivamente los tiempos han cambiado, reconocemos que las experiencias tempranas marcan significativamente la vida de los seres humanos y cuando hablamos de trabajo infantil no podemos dejarlo de lado. Simplemente es una deuda que, como sociedad, tenemos con miles de menores que en nuestro país no tienen otra opción para poder vivir. Son esos niños que han visto interrumpida su infancia, su inocencia y su futuro, ya que esta forma de vida les impide desarrollarse sanamente.

Algunas veces llegamos a confundir trabajo infantil con la responsabilidad que como miembros de un grupo familiar tenemos dentro del mismo. Los pequeños pueden colaborar con las actividades del hogar, pero nunca ser privados del derecho a ser niños, a soñar, a estudiar y a gozar de todos los derechos que como ser humano tienen y que son inalienables.

Hay algunas actividades que han sido consideradas como trabajo peligroso para la vida del ser, especialmente para un menor que está en pleno desarrollo. Estas actividades han sido recogidas en el Convenio 182 de la Organización Internacional del Trabajo sobre las peores formas de trabajo infantil, y pueden dividirse en dos categorías. Las incuestionables peores formas de trabajo infantil y trabajo peligroso, ambas son nocivas a la salud física y emocional de la persona menor de edad. Sin embargo, algunas que caen dentro de las incuestionablemente peores formas no pueden ser consideradas trabajo infantil. Hablamos de la explotación sexual comercial de niños, niñas y adolescentes. Una realidad que no escapa a nuestro país.

Con tristeza escuchamos a los vecinos de la patria decir: “ella es prostituta” o “esa niña se prostituye”. Es importante destacar que no hay niños prostituidos, sino niños explotados sexualmente. Esta actividad sigue siendo considerada por muchos como un trabajo que genera ganancias. También creemos que el trabajo dignifica al hombre. ¿Usted estaría dispuesto a dejar que un familiar suyo trabajara así? Tal vez no, porque no es un trabajo, no lo aceptemos como tal. Lacera la dignidad humana de la persona y le imposibilita un sano desarrollo. Es un delito, no un trabajo.

Como panameños estamos llamados a proteger a nuestros niños y a brindarles la oportunidad de desarrollo integral para que no solo sean los hombres del mañana, sino los niños de hoy.

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