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PROBLEMA SOCIAL

La adicción al teléfono celular: Enrique Lau Cortés

La adicción al teléfono celular: Enrique Lau Cortés La adicción al teléfono celular: Enrique Lau Cortés
La adicción al teléfono celular: Enrique Lau Cortés

Si usted es de los que no puede salir de casa sin llevar consigo su teléfono celular, que contesta cuando maneja, interrumpe una reunión para atender una llamada, que mira constantemente el dispositivo móvil a ver si alguien llama o si experimenta sudoración y hasta palpitaciones cuando lo pierde de vista, entonces, es candidato a padecer nomofobia, término, abreviado del inglés no-mobile-phone phobia, que es como los expertos denominan al miedo a estar sin el teléfono móvil. Es decir, un tipo de adicción considerado por muchos como una enfermedad asociada al uso de la tecnología en siglo XXI.

De ser un auxiliar muy útil en nuestras vidas, el celular se ha convertido en un accesorio indispensable para muchas personas, que hasta en las comidas con los amigos o en las reuniones familiares se muestran ausentes por utilizar aplicaciones como el chat o contestar las llamadas. No lo dejan ni para ir al baño, con lo que se crea un vínculo que puede ser nocivo para la salud y afectar la relación con los demás, en especial, con la familia o el trabajo. Lo grave es que cada día se reportan más infracciones y accidentes relacionados con este dispositivo.

En Panamá, las estadísticas no consignan el uso indebido del teléfono móvil, entre las causas de accidentes, pero se debería hacer para contar con tal registros. No obstante, de acuerdo a estadísticas preliminares de la Dirección de Operaciones del Tránsito y de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre, en 2014 se aplicaron 13 mil 669 infracciones a conductores por hablar por teléfono, y hasta lo que ha transcurrido del mes de julio de este año se han aplicado 7 mil 481. Al comparar los meses de mayo y junio de 2014 y 2015 se aprecia una disminución, lo que podría obedecer al incremento de multas.

Según una investigación realizada por el Observatorio de Salud de la Universidad de Panamá, en una muestra de la población universitaria –en la que el 71% eran mujeres– se encontró que todos los encuestados tenían teléfono celular, y muchos contaban con más de uno; el 87% utilizaba el sistema operativo Android y el 61% era prepago. Además, la mayoría gastaba entre 10 dólares y 20 dólares al mes, y el 90%, además de voz utilizaba data.

Aun cuando el 93% dice que podría pasar un día completo sin su teléfono celular, el 61% lo considera indispensable en su vida, el 71% no lo apaga en ningún momento, el 66% reconoce que cuando no lo ve se siente preocupado y, a veces, asustado. Solo el 33% está tranquilo sin tenerlo cerca. En cuanto a su relación con los demás, el 26% acepta hablar por celular y manejar al mismo tiempo; el 66% lo utiliza en reuniones familiares; el 55%, en clase; el 47%, en el trabajo, y el 53%, en fiestas.

Se encontró una relación inversamente proporcional entre edad y tiempo de uso. Es decir, mientras se tiene más edad se emplea menos tiempo, y a menor edad la tendencia es utilizarlo mucho más. Estos indicadores deben servir para que los padres de familia estén pendientes de sus hijos y les enseñen el uso responsable de este maravilloso invento, cuyo empleo exagerado, lejos de ayudarnos a tener una vida mejor puede afectarnos, sobre todo, en los oficios peligrosos que requieren manipular maquinaria, y con el riesgo de perder la vida en accidentes automovilísticos o laborales.

En este mundo vertiginoso se pretende inmediatez en las comunicaciones y se prefiere llamar sin intermediación, pero algo que pareciera promover la eficiencia termina por atentar contra nuestra productividad, al ser la causa más frecuente de interrupciones. Lo peor es que también resta privacidad, tiempo para reflexionar o, simplemente, perturba nuestra paz.

Consciente de lo que ocurre, he comenzado a promover sesiones de desintoxicación entre mis colaboradores. Así los celulares quedan fuera de nuestras reuniones e imponemos multas a aquellos que violen una agradable comida en familia o una tertulia entre amigos. No aceptamos su uso en las clases y creo que su empleo en el trabajo se debe reducir a emergencias.

No pretendo que se interprete que estoy contra de los teléfonos móviles, solo llamo la atención sobre los peligros que suponen su uso exagerado y su falta de regulación. Si no hacemos algo al respecto, necesitaremos psicólogos y hasta psiquiatras para tratar a tantos pacientes. Siempre es mejor prevenir que curar.

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