BACTERIAS

Un adiós prematuro: Guillermo Sánchez Borbón

A principios del siglo en curso comprendí que no podía seguir con la vida que había llevado hasta ese momento. Para empezar, había perdido completamente la visión de un ojo y el otro me prestaba un servicio demasiado precario para continuar con la vida que había llevado hasta entonces. Contrariamente a mis previsiones, no me desesperé, ni siquiera sentí nostalgia por la felicidad que me había procurado la lectura en el buen tiempo viejo. Doné mi biblioteca a una institución cultural y me dispuse a ocupar mi tiempo en otras actividades.

Es curioso, había conservado media docena de libros, casi todos de patología vegetal (que nunca pensé releer) y otro perteneciente a un orbe distinto, pero no tanto. Su título: Microorganisms and Human Disease de Ernest A. Meyer. Fue un azar muy afortunado, porque me ha permitido comprender el problema que hoy aflige a nuestro país. Citemos algunos pasajes de ese libro: “El restante grupo de enteroorganismos que aquí van a discutirse son casi todos organismos generalmente considerados flora normal. Se encuentran, con variada frecuencia, en el tracto intestinal sano. Algunos de ellos existen con abundancia en otras partes de la naturaleza. No son invasivos, y no infectan el tejido sano, pero sí causan enfermedades cuando se presenta la oportunidad. Con frecuencia estos organismos producen infecciones en el tracto urinario. También causan peritonitis, meningitis y septicemia, y bajo condiciones adecuadas pueden infectar virtualmente cualquier parte del organismo. Condiciones propicias para la infección pueden existir en tejidos dañados por la edad, por traumas o por otras infecciones”.

Los especialistas han identificado el microorganismo que afecta a nuestro país como Klebsiella pneumoniae carbapenemasa, “también conocido como bacilo Friedlander, es una relativamente frecuente causa de neumonía, especialmente como un invasor secundario en personas que ya sufren de otras enfermedades pulmonares”.

Un médico de mi familia me contó que la virulencia del microorganismo que hoy enfrentamos obedece a que son hijos de los antibióticos. Me explicaré, a menudo los médicos prescriben a los pacientes medicamentos junto con las dosis con que deben tomarlos; pero ocurre algo: muchos pacientes, en cuanto se sienten mejor, suspenden el tratamiento. Ésta es una práctica muy corriente. Las consecuencias son atroces; en el curso de largos períodos se van creando súper razas de microbios resistentes a todos los antibióticos. Ahora ha surgido una súper raza de gonococos inmunes a todos los antibióticos. Y como siga el relajo, volveremos a un tiempo del que se había apresurado el hombre a despedirse.

Cuando se puso a la venta el primer bactericida realmente eficaz, en nuestra finca el efecto fue sensacional. Amaneció la casa cubierta de cucarachas muertas. Cuando años después mi hermano Rodrigo y yo nos dedicamos a sembrar arroz a gran escala, las matas amanecieron un día llenas de un parásito llamado army worm. Los expertos nos aconsejaron que regáramos el campo de DDT, con resultados sensacionales. Compramos varios racimos de DDT, y resolvimos el problema. Mientras tanto, aprendimos cosas instructivas... y aterradoras. Los insectos, para los que era mortal el DDT, con su infinita capacidad de adaptación se habían inmunizado contra el insecticida, al punto de que teníamos que cerrar herméticamente los sitios en los que lo guardábamos, para que no fuera devorado por los insectos. Ojalá aprendamos la lección.

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