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PROBLEMA SOCIAL

Sobre el alto consumo de alcohol: Dicky Reynolds

El que vende ataúdes no quiere saber de la fórmula para la inmortalidad. Este criterio parece ser el que embona en cuanto a la ingesta desmedida de bebidas alcohólicas.

Hace unos meses, la Organización Mundial de la Salud publicó un estudio atinente a la población panameña y sus hábitos de consumo, y quedamos en un alto sitial de bebedores en exceso en Centroamérica. Entre sus conclusiones, el estudio señala que en Panamá no hay planes para prevenir el alcoholismo y que más bien se promueve el consumo de manera enfermiza.

Hemos roto mitos y paradigmas, porque antes se esgrimía el argumento sexista de que el ron era solo para los hombres, y ahora vemos que las mujeres transgreden la ley con la misma intensidad, por el consumo público y desordenado de la bebida que se convierte en el alma hasta de los cumpleaños infantiles. Basta ver lo sucedido en un partido de fútbol y en una disputa de trovadores.

Los hechos de tránsito y muchos crímenes tienen como elemento potenciador el desenfreno al beber copas. No hay política estatal para alertar a la población de los peligros de la bebida y pareciera que, por una razón evidente, no conviene campaña alguna que interfiera en este negocio.

La asequibilidad es tal que hasta en las estaciones de abastecimiento de combustible se puede obtener licor, aunque en principio debiera haber una prohibición por el peligro que encierra conducir y beber. Parece ser que estamos ante la misma actitud que tomaron las tabacaleras cuando se hablaba del peligro por el consumo de sus productos, y llegaron a pagar por estudios sesgados y campañas para promover los “beneficios del tabaco”.

En la faceta cultural de este país no hay actividades sanas para la juventud, y libres de alcohol, pues hasta para la recreación bailable se crean unos antros que semejan corrales, en los que se dispensa licor a chorros. No comamos el cuento de que somos “bebedores sociales”, por el contrario, habría que decir “antisociales con patente de corso”, por la permisividad. Somos una sociedad que le celebra las “gracias” a los borrachos. Ante esto solo queda lamentarnos tras los accidentes y las conductas delincuenciales. De forma fácil, se vende a la población la idea de que la cárcel es para los borrachos que transgredieron la ley y, con una doble moral, se les sanciona por su “irresponsabilidad al beber sin control”.

En fin, carecemos de la necesaria política educativa que enseñe por qué no excedernos en el consumo de estas bebidas.

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