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POLÍTICA

El mensaje ambiguo del Papa: José A. Friedl Zapata

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El mensaje ambiguo del Papa: José A. Friedl Zapata

Es complejo descifrar a Francisco y a la tensa frontera entre el hombre político y el líder espiritual del catolicismo. ¿Qué rol juega en su pensamiento el peronismo de rasgos setentistas, eminentemente populista y demagógico de su Argentina natal que llevó a su país a un bochornoso fracaso económico pocas veces visto en el mundo? ¿Por qué su amistad y apoyo a la presidenta argentina, un personaje frívolo, nefasto, corrupto? ¿Por qué su silencio ante la terrible crisis política que atraviesa Venezuela y hacer oídos sordos a los ruegos de apoyo de los parientes de los presos políticos de este país? ¿Por qué ignora la sistemática persecución de la prensa opositora en el Ecuador por parte del presidente Correa?

Su pasaje por Cuba antes de llegar de visita a los EU y su actitud de no oír, de no considerar las voces de los disidentes dentro de la isla, que claman por el respeto de los derechos humanos y un mínimo de democracia, nos ha sumido en una enorme desilusión, más aún siendo católico. Su silencio le hace cómplice de una dictadura feroz. Como muy bien dijo José Martí: “Ver cometer un crimen en calma es cometerlo”. En Cuba se prestó a rendir pleitesía al anciano dictador Fidel Castro estrechando lazos de simpatía con el tirano Raúl Castro, ambos exjefes narcos del cartel de La Habana, como lo documentara en mi libro “El Gran Engaño - Fidel Castro y el narcotráfico internacional”. Aceptó sin comentario el viejo truco castrista de liberar 3 mil 522 presos, poco antes de su visita, sabiendo que ninguno de los aproximadamente 60 presos políticos estaba entre ellos.

Será que el “buenismo” del Papa, que tanto impresiona al mundo, sea en realidad una variante que podría definirse como “escapismo” o “facilismo”? La popularidad de Francisco se debe en buena medida a su voluntad de simplificar absolutamente todo, como lo hicieran los adeptos de la Teología de la Liberación décadas atrás. No olvidemos que uno de sus consejeros más cercanos es el sacerdote brasileño Leonardo Boff, hoy de 75 años, que reivindica aún en estos días la teología de la liberación como la única doctrina católica posible. Hace muy poco afirmó claramente que él considera a Francisco como un hijo de la Teología de la Liberación y su doctrina social con fuerte incidencia marxista. También entre sus consejeros más cercanos se encuentra el fraile dominico Fray Betto, amigo personal de los hermanos Castro, condecorado por ellos varias veces en Cuba y figura clave en la relación del Papa con la isla. Incluso escribió un libro con loas a Fidel bajo el título “Fidel y la revolución”. Está de más decir que Fray Betto es un acérrimo defensor de la Teología de la Liberación. Con estos asesores, ¿cómo debemos interpretar las palabras del Papa a los jóvenes, cuando dice “hagan lío”?

Mientras que por su paso por los EU el Papa expresó, esta vez más veladamente que de costumbre pero con gestos claros, su crítica al capitalismo y al consumismo, rechazando invitaciones del establishment para reunirse con los homeless, un acto cristiano loable, que se interpreta como el acercamiento a los marginales del sistema capitalista, en Cuba en cambio no se acercó a los marginados cubanos que se dan sobre todo en la política, que los excluye ferozmente. Lo criticable no es lo que hizo en los EU sino lo que no hizo en Cuba. Es fácil criticar al capitalismo y al consumismo. Pero no se le habrá ocurrido pensar ¿qué pasaría si la mayoría de los feligreses católicos impresionados por sus sermones dejara de consumir lo que no necesitan primariamente? En ese caso la economía mundial se precipitaría en una depresión terrible y millones quedarían desempleados y el caos dominaría el mundo. Francisco piensa que el capitalismo liberal es malo, pero todas las otras alternativas que hemos conocido son terriblemente peores.

Finalmente, en la doctrina social de la Iglesia enunciada por primera vez en 1891 por el papa León XIII, el llamado Papa de los obreros, en su encíclica “Rerum Novarum”, centrada en la cuestión social, se puede leer: “Cada uno necesita al otro: el capital no puede actuar sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital”.

El papa Francisco parece tener otra opinión.

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