EN EL DÍA DE LA MADRE

Siete años después: Berna Calvit

Cercano el Día de la Madre, hace siete años escribí el artículo “Camisones para mamá”. En días pasados una amiga (que lo fotocopió para que sus hijos lo leyeran), me sugirió publicarlo nuevamente; por limitaciones de espacio lo reproduzco parcialmente.

Decía: “Hijo mío: En el calendario de fiestas el 8 de diciembre es el día oficial para rendir homenaje a las madres. Porque en los anuncios de “regalos ideales para las madres” no aparecen los que yo quisiera recibir de ti, en esta carta te pido lo que sí quisiera que me regalaras. Por favor, hijo de mi alma, este año no me regales camisones, batas o chinelas; tampoco tostadora, licuadora o equipo electrónico que tiene botones que nunca voy a usar; y, por favor, ni un juego más de ollas o vasos.

No gastes un real en esas tarjetas llenas de palabras amorosas y versos ajenos que firmas: Tu hijo que te quiere. Y prefiero no desvelarme con serenata que me dice “Despierta, dulce amor de mi vida...”, la misma canción que sirve para “serenatear” a otros amores.

Si ese día, en vez de pegarme a la estufa para recibir tu visita, te presentaras con una paella o con una invitación para salir a almorzar, lo agradecería mucho. Ya que te dije lo que no quiero para ese día, te diré lo que me gustaría recibir a lo largo del año y sin que te cueste un centavo.

En vez de la tarjeta, preferiría oírte decir “te quiero, mamá”, que es música para mis oídos y me “amelcocha” el corazón. Me haría muy feliz que a veces me abrazaras; o que me dejaras tomarte de la mano como cuando eras niño y no te incomodaba que lo hiciera. No sabes cuánto disfrutaría (más que si me regalaras una cartera o 10 billetes de lotería) que alguna noche me invitaras al cine y que después, como dos amigos, nos sentáramos a tomar un cafecito bien conversado; tal vez no te has dado cuenta, pero me mantengo al día, interesada en lo que ocurre en el mundo. ¿Tienes idea de lo reconfortada que me sentiría si alguna vez me acompañaras al médico? Estoy orgullosa de ser una madre independiente, que entiende que tu prioridad, ahora que eres esposo y padre, es atender tu hogar. Pero cuánto gusto me daría que a veces me visitaras sin estar mirando el reloj, con el pie en la puerta a los pocos minutos de haber llegado; por si no lo sabes, tus visitas me dan más alegría que ganarme los cinco pedacitos de lotería que compro, con tu fecha de cumpleaños.

Quisiera que me regalaras un poco de paciencia y comprensión; que no te molestes cuando te pido que pases a visitar a tus abuelos; que manejes con cuidado. Compréndeme. Has crecido tan de prisa que todavía pienso que necesitas mis consejos.

¡Cómo han cambiado las cosas! Hay niños que cuelgan en la puerta del cuarto un letrero que dice: “Prohibido el paso”, algo que yo no hubiera hecho ni en broma porque antes solo los padres podían prohibir; y ante un letrero así a mi madre le hubiera dado un ataque... de risa. La llamada “brecha generacional” apareció cuando te llegó la adolescencia; frecuentemente seguí el ejemplo de Job para no empacar las maletas y renunciar al puesto de madre; después, ya ni Job me bastaba y recurrí a todos los santos.

El uso del término democracia, que torcías a conveniencia, me hizo temer que, encima de todo, te ibas a hacer político. Pareciera que para los jóvenes el tiempo corre más de prisa pero, ¡ah, tu tiempo! ¿Será que es más valioso que el mío? Te digo algo. A medida que crezco en edad (y disminuyo en tamaño), los días se hacen más largos y las noches, aún más largas, y me toma más tiempo y esfuerzo hacer todo lo que hacía cuando era más joven.

Ahora que creciste y tienes tu propia familia, solamente me queda confiar en que haya logrado inculcarte los valores que mi madre me inculcó: la importancia de la familia, la amistad, el trabajo, el respeto y la educación. Porque los tiempos cambian, pero los valores no.

Para este Día de la Madre, además de lo anterior, de regalo quiero garrafones de agua potable porque, por ahora, el desastre que hay en el Idaan “Ni Dios con peones lo compone”. También un poquito de tu tiempo para que me expliques cosas que no entiendo como, por ejemplo, los negocios “llave en mano”, que el Gobierno reparte como confeti, sin licitaciones.

Y que me consigas una cita con Mulino, ministro de Seguridad, para ver si me echa el cuento del secreteo en la compra multimillonaria de radares y helicópteros con sobreprecio y comisiones millonarias dizque a unos italianos (heredados de Berlusconi); y para, por ahí mismo, pedirle más seguridad en las calles y que me regale tubitos de gas pimienta, más útiles que helicópteros y radares para defenderme de los maleantes.

¡Ay, mijito! Lo que estoy viendo “deja tachuela” todo lo que había visto antes. Pero el 8 de diciembre tu sola presencia, hijo querido, aliviará el pesar de ver lo que se está haciendo con el Panamá que va quedando para ti y mis nietos.

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