LA ESTABILIDAD DEL DÓLAR

40 años de un proceso de quiebra: Olmedo Miró

Recientemente, se dio un evento histórico cuando una de las compañías evaluadoras, la Standard & Poor´s, bajó la calificación de riesgo del gobierno federal de Estados Unidos de AAA, un grado perfecto, al que, supuestamente, es imposible entrar en una situación de “no pago” o quiebra, a AA al que, posiblemente, “no sea tan imposible” una situación de quiebra. ¿Pero es esto cierto? ¿Qué el Gobierno de Estados Unidos nunca ha incumplido con sus compromisos financieros?

Érase el 15 de agosto de 1971 cuando el presidente Nixon sale en la televisión, primero quejándose de los perversos “especuladores financieros” y la forma como destruían la estabilidad del dólar. Esto es algo que “se debe detener”, decía el presidente Nixon en su discurso. Lo que no mencionaba Nixon, era lo que esos perversos especuladores señalaban, el enorme incremento en el gasto del Gobierno que, en ese momento, no solo estaba pagando la guerra de Vietnam, sino el “estado de bienestar” que crecía sin control.

Obviamente, esto generaba déficits que no eran tan “alegremente” financiables con la impresión de dinero, por una razón muy sencilla, había disciplina monetaria que tenían que seguir, y esa disciplina era mantener el precio del oro a 35 dólares la onza, como se estableció en la conferencia de Bretton Woods, en 1948.

En aquel momento, EU imprimía dólares y más dólares y la gente los tomaba (en realidad, eran los bancos centrales del mundo, ya que la gente común tenía prohibido poseer oro) e iba a la “ventana” de la reserva federal en donde se guardaba el oro y exigía que le dieran oro a 35 dólares la onza y no más. Es obvio que con la abundancia de dólares generada por el incremento de gastos del Gobierno de EU esta promesa, garantizar el oro a 35 la onza, era imposible o, tarde o temprano, todo el oro se iba a ir, una corrida en el oro. Así que en su discurso Nixon estableció el cierre de la “ventana del oro”, desconectando al oro y las monedas del mundo de toda conexión con la realidad.

Cuando un país normal (aquel que su propia moneda no es la moneda de reserva del mundo) como Argentina, quiebra, las consecuencias son inmediatas, hiperinflación y crisis. Cuando una superpotencia cuya moneda es la moneda de reserva del mundo, quiebra, el desenlace es mucho más lento, pero eventualmente más caótico. De hecho, ha durado hasta nuestros días y todavía no termina.

Una breve historia monetaria de las últimas décadas: Una impresión sin control de dólares, obvio, crea más dólares y esos dólares de más tienen que terminar en algún lado y así, en la década de 1970, terminaron esos dólares en mercados financieros extranjeros como pago por petróleo y materias primas (los famosos petro-dólares); esos países que recibían los dólares los pusieron en el banco y los bancos dieron el dinero prestado. Esos préstamos terminaron en economías emergentes, como la nuestra, facilitando un incremento dramático en las deudas de nuestros países. Pero, ojo, una cosa es deber en nuestra propia moneda, otra en una que no es la tuya. Los gringos estaban preocupados por el aumento de la inflación en su país y aparece Paul Volcker, y sube, dramáticamente, los intereses y empieza a recoger los dólares que andan por allí y los endeudados, nosotros, terminamos pagando intereses insostenibles y así “reventamos palito”. Fue la “década perdida de los 80”.

A partir de allí, EU pasó de ser prestamista neto para el mundo a ser el más grande deudor, con más del 80% del crédito del mundo. Su gobierno creció, descomunalmente, a tamaños inauditos hace solo una década. Y lo que es peor, su industria y su gente pasaron de ser la sociedad más productiva sobre la tierra, suministrando al mundo de cuanto producto manufacturado que no se podía imaginar, a ser unos deudores crónicos esclavos de sus deudas. Una triste realidad para la sociedad que ayudó al mundo a liberarse del nazismo y comunismo.

Hoy en día, a pesar de que el avance técnico nos ha hecho llegar a alturas insospechadas y la incorporación de casi 2 mil millones de personas al libre mercado, hay una sensación de malestar entre el ciudadano común. No importa cuánto trabaje, el bienestar parece alejarse algo más. Tengo que vivir endeudado para obtener el mismo estándar de vida de mis padres, mientras que otros se hacen ricos a niveles inauditos, ¿qué pasa? Bueno, observe bien los billetes que tiene en el bolsillo, porque hay alguien que consume sin límites y cada vez produce menos. Y como decía la canción, “ese barbarazo acabó con to”.

Hoy, la onza de oro está llegando a los mil 800 dólares y esto continúa.

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