SOCIEDAD

¿Cómo aparecieron los ´ninis´?: Javier Barrios D.

Cuando oí por primera vez hablar de los ninis, pensé que eran seres extraterrestres de alguna película (como ET) u ovnis, pero mayor fue mi impresión cuando los medios de comunicación informaron que en nuestro país hay 203 mil de ellos (¡nos invadieron!), que representan el 23% del total de los jóvenes de entre 15 y 29 años, y el 12.4% de la población económicamente activa, lo que triplica la tasa de desempleo.

Hubiera sido bueno contar con datos similares de años anteriores para medir su avance o retroceso, aunque como están las cosas en los hogares y en la educación formal, presumo que la situación empeoró. ¡No se infarte!, pero la información del censo de 2010 revela que del total de jóvenes entre los 20 y 34 años, el 44% (352 mil) no tiene título alguno (solo educación primaria); el 61% (487 mil 600) no tiene diploma de secundaria y el 85% (677 mil 100) no tiene ningún título de educación superior. ¡Las cifras son aterradoras! Transcurridos cuatro años, debemos andar peor. Es difícil enfrentar la competencia externa, ¿verdad?

Al excluir a los jóvenes que buscan empleo (los desempleados), quedan los ninis vulnerables, a quienes no les provoca hacer nada (“momias”), los desorientados, drogadictos, delincuentes y los que están por serlo, que no tienen idea de cómo llegaron a esa situación y tampoco encuentran salida. Los padres, sobre todo aquellos con cierto grado de conciencia, preocupados por el comportamiento irregular y recurrente de sus hijos, se preguntan ¿qué hicimos mal?

Un estudio podría revelar que la mayoría terminará culpándose mutuamente o buscando las causas en el entorno... jamás un mea culpa. Todos los niños nacen buenos pero, como esponjas que son, aprenden con el ejemplo e, igual que las computadoras, si basura les metes basura procesan. Son sus padres a quienes nadie les enseñó a serlo –no existe escuela para padres– los que en el camino y de forma inconsciente los van esculpiendo a su imagen y semejanza, y moldean su personalidad.

Sin embargo, ellos son solo un eslabón más de la “cadena” histórica que ha transmitido, de generación en generación, los genes, predisposiciones, cultura, costumbres y las aspiraciones, incluyendo lo bueno (principios, valores, virtudes), así como lo malo y lo feo (antivalores, defectos). Menos influye en esa formación básica el entorno externo donde crece el individuo y el sistema educativo. Este último, sin embargo, carga con la mayor responsabilidad en su formación académica, llevando a cuestas una vieja y pesada deuda con la sociedad, pues estos chicos sienten que no les ofrece nada esperanzador, por tanto, no encuentran motivo para estudiar.

Ya crecidito un individuo con capacidad para discernir, pero “producto defectuoso” al fin, lo que haga con su vida, incluso influido por el entorno externo, potencia sus virtudes y sus defectos (como ocurre con el que tiene predisposición al cáncer pulmonar y es un fumador empedernido). Esto explica por qué no hay forma de regenerar a los delincuentes en el ambiente al que son confinados.

Como los padres de manera inconscientemente cargan con ese lastre, con ese karma, siendo parte del problema, con dificultad podrán ser parte de la solución. Igual ocurre con los docentes que no pueden enseñar a sus alumnos lo que no traen arraigado y no practican.

Por lo expuesto, he llegado a la conclusión de que las leyes sobre paternidad responsable deben ser modificadas, pues así como en los casos de maltrato y de desnutrición avanzada los vástagos les son arrebatados a sus padres por las autoridades y puestos a mejor recaudo, también debieran hacerlo cuando con el mal ejemplo y la irresponsabilidad contaminan y dañan un producto que, reiteramos, nace bueno, y sobre la base de que están violando derechos universales del niño. Si esto les parece revolucionario, igual de revolucionarios deben ser los cambios que demanda el sistema educativo que, está harto demostrado, es una fatalidad.

Tengo la esperanza –suele ocurrir– de que siempre habrá alguien en las familias, en la sociedad civil, entre los políticos y en el Gobierno, que logre romper las “cadenas”, los paradigmas. De lo contrario, nos esperan peores días y los ninis, sobre todo los vulnerables, deberán colocarse un letrero en el pecho con la expresión que le escuché a Francisco (no el Papa, sino un joven compañero de trabajo), que lo resume todo muy bien: “Yo no pedí nacer, no sé vivir y no quiero morir”.

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