BARRO BLANCO

El arte de negociar: Anel Beliz

Durante mis años de estudio en el exterior, tomé un curso que me sirvió mucho en mi carrera profesional y que considero uno de los más útiles para resolver conflictos entre grupos. Se llamaba “El arte de negociar”. Fue creado por la Universidad de Harvard y, luego, adoptado por numerosas universidades estadounidenses y otras del exterior, entre ellas de Latinoamérica.

El curso abordaba la solución de conflictos en la sociedad moderna, sea entre personas o empresas, y que pueden solucionarse con facilidad mediante negociaciones directas, con razonamiento y sentido común.

La relación entre personas o grupos es uno de los aspectos más difíciles de la vida moderna, solo el arte de la negociación permite resolver las diferencias. A diario negociamos algo, hasta la vida misma.

Entonces, ¿por qué a veces no se logra solucionar un problema? Para explicar esto, tomaré como referencia el conflicto entre los residentes de la comarca Ngäbe Buglé y el Gobierno Nacional respecto a la construcción de la hidroeléctrica Barro Blanco. Antes de sentarse a negociar cada participante debe asistir con la mente abierta y dispuesta a llegar a un arreglo bueno para ambas partes, no solo para un grupo.

Además, los puntos que se discuten no se deben basar en que todo debe ser blanco o negro, sin tomar en consideración otros matices. Los planteamientos tampoco se pueden hacer con base en cifras y técnicas frías, sino teniendo en consideración amplios razonamientos y, sobre todo, mucho sentido común que, en estos casos, casi siempre está ausente. El curso nos enseñó que todos los conflictos son fáciles de resolver, pero quienes lo complican son los negociadores.

Los residentes de la comarca deben reconocer que el gobierno del presidente Juan Carlos Varela no tiene culpa del latrocinio que cometió la administración anterior y, además, que la construcción de la represa muestra un avance de entre el 80% y 90%. Por su parte, el Gobierno debe tener en cuenta que esas tierras son necesarias para la supervivencia de la población ngäbe buglé.

Entonces, ¿por qué disgustarse?

Todos tienen que entender que la inversión que hizo el Estado panameño es grandiosa y no puede perderse, a pesar de que haya sido producto de intereses personales para beneficiarse con los sobrecostos y hacer concesiones a los amigos.

La realidad es que la obra servirá a todos. Por lo tanto, ¿por qué el Gobierno no toma la iniciativa y le otorga a la comunidad indígena parte de los beneficios, al mismo tiempo que se favorece al resto de los panameños?

Me parece que iniciar la negociación con una propuesta positiva de ventajas mutuas sería una solución práctica, dejando muy claro que los beneficios para la región serían la creación de escuelas, centros de salud y centros comunales y vocacionales, de forma que los residentes puedan aprender las diversas técnicas que necesitarán en el manejo de la represa y un trabajo preferencial en esta.

Creo que esto sería una posible solución al conflicto, pero estoy seguro de que tanto el Gobierno como los residentes de la comarca pueden aportar otras ideas para el beneficio colectivo, tanto para ellos como para el resto de los panameños.

Creo, sinceramente, que la intransigencia es el peor rostro que tienen los conflictos y que el arte de negociar, la mejor manera de solucionarlos.

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