MEJORAS NECESARIAS

Una atención hospitalaria desfavorable

Los pueblos tienen los sistemas de atención de salud que se merecen. El 5% de la población decide lo que pasará en determinada área (funcionarios con mando y jurisdicción, sean políticos o no); el 35% ve las cosas pasar (gente pensante y productora), pocas veces expresa su opinión soberana, y deja que otros hagan sin protestar; y el 60% (gente humilde) no sabe ni qué pasa.

En los últimos 50 años, eso es lo que ha ocurrido en materia de atención de salud institucional en Panamá. Es tiempo de cambiar y optimizar el sistema, sobre todo, en esta época que catalogo como “de renacimiento o transición” para recobrar los valores perdidos, que impulsa el presidente Juan Carlos Varela y requiere del respaldo de todos los buenos ciudadanos.

De forma prudente, cortés y firme, ese 35% de gente que mira sin hacer ni decir nada, debe interactuar y ayudar al mandatario a mejorar el sector de atención de salud, que se maneja a la panameña, es decir, “hagan lo que puedan con lo que tengan”, porque no hay presupuesto.

Las autoridades de la pasada administración, por ejemplo, solo se interesaron por hacer construcciones, tipo llave en mano, que, en el caso de hospitales, representan una soberana estafa.

Lo que más preocupa es que no les importó si se terminaban o quedaban inconclusas, mucho menos si se ponían a funcionar de forma adecuada, o no. Prueba de esto es el nuevo hospital de Veraguas, cuya construcción terminó en abril de 2014, pero aún no está en funcionamiento. Ahora, inclusive, se considera la construcción de un hospital tipo materno infantil.

Mis 48 años de trabajo en la Caja de Seguro Social (CSS) me permiten reflexionar, a profundidad, sobre la “triste realidad por la que atraviesa el sistema de atención hospitalaria institucional, que se deteriora cada día más. Al parecer nadie se da cuenta de esto o no le preocupa.

En los despachos superiores, los funcionarios de alto nivel del momento no piensan que ellos o algún familiar podrían requerir atención urgente en un hospital del Estado –ya sea por un politrauma, un evento coronario o por otra causa– e ignoran todo lo relacionado a la atención que recibirían. De forma respetuosa, les puedo asegurar que no sería de calidad ni de excelencia.

Es ya tradicional que a los presidentes de la República y a los altos jerarcas de Salud no se les informe la realidad del sector. Ellos solo conocen una quinta parte del problema (la punta del iceberg), por esa razón toman las mismas decisiones de siempre, improvisadas, temporales, ilógicas y hasta cosméticas. Por eso, la crisis en la atención institucional continuará indefinidamente, hasta el colapso.

Señor presidente Juan Carlos Varela, la atención hospitalaria institucional y primaria solo mejorará con un apoyo integral. El Ministerio de Salud (Minsa) y la CSS nunca se han logrado poner de acuerdo. Lo hacen de manera “subliminal” porque no hay un instrumento legal que los obligue a trabajar igual y con recursos. Usted tiene gente buena, pero le falta conocer la verdad a fondo, para hacer los ajustes requeridos. Con todo respeto, le doy las siguientes recomendaciones que pueden ayudarlo a elevar la calidad de atención:

1. Evaluar a fondo todos los detalles (con personal que responda directamente a usted), pues el problema es muy complejo. Hasta ahora nadie ha logrado mejorar el sistema y esta vez tampoco se podría, sin su apoyo decidido.

2. Honrar el artículo 111 del Capítulo 6 de la Constitución, que dice: “intégrense los servicios prestadores de salud”, la ley reglamentará la materia. “Confeccionar la ley”. Esto requiere que el Minsa se encargue de los gastos de sus hospitales y la CSS de los suyos; de normas y protocolos similares para la CSS y el Minsa con base en medicina y evidencia, y tecnología de punta; de presupuestos similares para ambas entidades, a razón de $15 millones por cada 100 camas de hospitalización de II nivel; de una rendición de cuentas efectiva, eficaz, eficiente y periódica. Con esto se lograría la disciplina que falta en muchas unidades hospitalarias.

3. Procurar un entorno de trabajo adecuado, salarios justos, y evitar la fuga de talentos hacia la medicina privada. Esto será posible después de conocer la triste realidad actual y hacer los ajustes legales necesarios. La solución es integrar los servicios de salud bajo un solo sistema que los regule. Bien entendido, esto significa que nadie cargue a nadie.

El sistema debe ser universal, moderno, igualitario y humanizado. Que se rija por la medicina basada en la evidencia, con tecnología de punta, y que la rendición de cuentas sea una realidad de absoluto cumplimiento.

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