SOCIEDAD

El autómata tecnológico: Alberto Valdés Tola

Vivimos en sociedades tecnológicas. Esta premisa para algunos solo representa el estilo de vida de ciertas sociedades posindustriales, como la estadounidense y europea, en que la tecnología de la información es la realidad cotidiana de miles de personas que se conectan a la web a cada instante, ya sea por medio de un iPhone, tablet, laptop, etc. Sin embargo, en la realidad contemporánea del istmo, empieza a dibujarse un escenario bastante parecido y ahora muchas personas dependen de la tecnología de la información.

Así, los pronósticos futurísticos esbozados en las películas de ciencia ficción de las décadas de 1970 y 1980, sobre la hegemonía de la tecnología en la vida de la humanidad, no solo se han cumplido parcialmente, sino que, además, la tecnología de la información ha creado su propio sistema de subsistencia, por medio de la dependencia del hombre con respecto a su creación. Esta afirmación, lejos de ser una alegoría imaginada o fantástica, es la realidad misma de la vida moderna. Basta observar cómo la mayoría de las personas lleva consigo toda suerte de artificios tecnológicos que van, desde las computadoras, hasta los celulares. Si bien es cierto, estos ejemplos tecnológicos no ejercen un control directo en nuestras vidas, la realidad demuestra que sin ellos es casi imposible la interacción social, el estudio y el trabajo.

En este orden de cosas, en que la tecnología de la información guía no solo la modernización de las sociedades, sino la misma racionalidad de la humanidad, es casi imposible sostener premisas románticas, como el desmantelamiento de la primacía tecnológica sobre nuestras vidas. Lo que sí es posible es reconocer el grado de dependencia que ha impuesto a cada aspecto de la existencia humana. Solo así, es posible alcanzar cierto nivel de autonomía e independencia. De esta forma, evitamos transformarnos en autómatas tecnológicos.

Esto último lleva a considerar, que la era de la información pudiera estar generando no solo imaginarios alienantes, en que reificamos a la misma tecnología, lo que implica que en nuestras estructuras mentales, esta deja de ser una herramienta o medio para resolver problemas humanos (informarnos y comunicarnos), para convertirse en un fin en sí mismo; sino que, además, el universo tecnológico de la información pudiera estar, a su vez, gestando el principio de una sociedad desinformada. La ironía de que una sociedad de la información se encuentre, a su vez, desinformada se debe a la misma superficialidad de la información. La que se presenta más como un simulacro de la realidad (hiperrealidad), al tiempo que los saberes son trivializados por medio de la vulgarización del conocimiento.

Lo anterior no pretende satanizar a la tecnología de la información, cuya utilidad en la vida de los seres humanos es incuestionable, sino advertir sobre sus posibles consecuencias para la sociedad panameña.

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