GASTOS Y PÉRDIDAS MILLONARIAS

Tantas bellezas para ver pasar la pobreza: Javier Barrios D.

El pregón del Sr. Presidente, “más en 4 que en 40” –una total falacia, pero los ingenuos se lo creen–, forma parte de la campaña política que ha desarrollado (financiada con recursos estatales), la que, además de satisfacer su ego, va dirigida a promover a su candidato quien en honor a la verdad tiene poco que ofrecer; un total desconocido, sin trayectoria ni ejecutorias como para aspirar a la más alta magistratura del país.

Desde que inició su mandato ha estado empecinado en demostrarle a sus enemigos políticos que acabará con el mito en democracia, de que el partido en el poder no repite, para lo cual ha hecho y será capaz de hacer lo inimaginable, como comprar a 145 políticos elegidos (tránsfugas), muestra de lo que hará en las elecciones; levantarle un expediente a sus más acérrimos críticos e insultarlos; controlar todos los órganos del Estado; etc.

Como empresario, obviamente lo que prima para él son las ganancias, los dividendos, en lo económico y en lo político como medio para lograr lo primero, relegando el flujo de caja a un segundo plano, previendo –como dicen en mi tierra– que “de algún cuero sale esa correa”. Con ese fin, se propuso conseguir todo el dinero del mundo logrando disponer de $75 mil millones en su mandato (presupuestos aprobados), incluyendo $3 mil 500 millones de proyectos llave en mano (sin la Autoridad del Canal de Panamá), cifra que alcanzaría (óigase bien) para cubrir los presupuestos de Martín Torrijos y Mireya Moscoso ($38 mil millones y $29 mil millones, respectivamente), y hasta sobraría para un año de Ernesto Pérez Balladares. Hasta Lole haría más con esa “mina”.

Para ello no solo nos ha exprimido con impuestos y ha subastado bienes y acciones estatales, sino que nos dejará de herencia una astronómica deuda de casi $19 mil millones, producto de un incremento de $7 mil millones (incluyendo $1,500 millones de proyectos llave en mano por pagar). En ese frenesí, malamente reducirá la relación deuda/PIB en 2.5 puntos porcentuales, de 45% que se la entregó Martín, quien solo aumentó la misma en $900 millones, incluyendo $200 millones llave en mano (cinta costera), y redujo dicha relación en 25 puntos, de un altísimo 70% que la recibió de Mireya. En adición, Ricardo Martinelli ha aumentado el déficit fiscal a $1,200 millones (3% del PIB), de $250 millones (1% del PIB) que lo dejó Martín.

Demasiado dinero en juego y poca disciplina financiera, festinando con nuestros impuestos y con la deuda pública, recurriendo a contrataciones directas y a sobrecostos.

Estos recursos han sido invertidos mayormente en la ciudad capital, en megaproyectos (en sus “pirámides”) que dejan con la boca abierta a la población desprevenida. En el marco de sus objetivos ya señalados, otra cosa no podría esperarse, pues en el área metropolitana reside casi el 60% de los votantes; en cambio, a los más desposeídos del campo y a los indígenas, solo les ha tirado, por encima del hombro, limosnas y paliativos.

No objetamos las obras construidas en la capital, pero debidamente priorizadas y planificadas, no todo a la vez (locura que produce pérdidas y gastos por $500 millones anuales) y destinando suficientes recursos a la mora social histórica: Seguridad alimentaria; desnutrición infantil (asesina de niños, causa de miles males); salud preventiva, en vez de construir megahospitales; calidad de la educación; en el sector agropecuario, y en mejorar la distribución de la riqueza, pues ostentamos la segunda peor en América Latina y estamos entre las 20 peores del mundo. ¡Claro!, nada de eso hala votos.

Más en 4 que en 40, significa, entre tantos casos, que solo el Ministerio de la Presidencia ha gastado $28 millones en publicidad (podría llegar a $35 millones), ¿y el resto del gobierno? Y ya señalamos con qué propósito, mostrando con ello su desprecio por las mencionadas carencias y falta total de conciencia social, pues ni siquiera ha sido capaz de aprovechar las cuñas para campañas educativas, de salud y cívicas.

O sea, que la pobreza en Panamá (de un millón de almas) “danza” entre miles de millones del gobierno y de los inversionistas privados, que no permean hacia ellos. Tendremos, como vocifera el Presidente en sus cuñas televisivas, el único Metro de la región, carreteras, puentes, más cintas costeras, aeropuertos, rascacielos, malls, hoteles, etc. ¡Tantas bellezas!, ¿verdad?, pero, como decía Omar Torrijos, “... electricidad para alumbrar la pobreza y calles para ver pasar la pobreza”.

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