LA TRAGEDIA DE EL POLVORÍN

´El bien por el bien mismo´: Dennis Allen Frías

“El bien por el bien mismo”, así reza una oración de la resolución que emanó de la comandancia del Cuerpo de Bomberos de Panamá el día 5 de mayo de 1914, firmada por el comandante primer jefe del Cuerpo de Bomberos de Panamá, Juan Antonio Guizado, hace 99 años, para simbolizar el sacrificio que con sus vidas hicieron seis heroicos bomberos: Félix Antonio Álvarez, Luis de Bazach, Juan Bautista Beltrán, Luis Buitrago, Faustino Rueda y Alonso Teleche, quienes señalaron el camino a legiones de bomberos que aun hoy, al darse de alta, juran dar sus vidas, si fuere necesario, para salvar otras vidas y propiedades.

Tal cual lo señala el parte diario No. 125 del martes 5 de mayo de 1914, a las 2:55 de la madrugada la cajilla de alarma número 54 colocada en San Miguel sonó e inmediatamente en las estaciones y las residencias de los directivos de la institución se conoció que un incendio se había iniciado en el área conocida como El Polvorín, en las afueras de la ciudad. Inmediatamente salió la guardia de la Estación Central y en su recorrido se enteró de que los bomberos de la Estación de Calidonia ya habían llegado y preparaban las mangueras y el material para intentar controlar el incendio. Como referencia histórica, es importante señalar que el área que hoy ocupa el hospital Santa Fe era la finca en donde estaba El Polvorín y, como nos relata José J. Ramírez en su libro Historia del Cuerpo de Bomberos de Panamá, edición oficial 1937, era un edificio de mampostería, de construcción española, con techo de madera y zinc, defendido en la parte exterior por un muro que lo circundaba y lo ponía a cubierto de cualquier incendio del llano. El contenido de la bodega era de temer, más de un millar de barriles de pólvora, centenares de cajas de dinamita y nitroglicerina, entre otros materiales suficientes para volar la ciudad de Panamá.

Sin mediar ninguna oportunidad se produjo la horrenda explosión y ante el silencio y la oscuridad que sobrevino, las antorchas brillaban y a su luz, la ambulancia del Cuerpo de Bomberos de Panamá y muchos de sus miembros buscaban y recogían a los heridos. Acá un cuerpo tendido y quejumbroso, allá una masa informe que fue en vida un bombero, más allá un miembro desprendido del tronco y por doquier fragmentos de escombros, llantos, solicitudes de auxilio y el estupor de personas de todos los estratos de la sociedad que acudieron a brindar su apoyo generoso.

Los heridos del Cuerpo de Bomberos fueron: el comandante Darío Vallarino, con una pierna destrozada; el capitán Domingo Vásquez, jefe de la Permanente, con contusiones internas; el mayor Florencio Arosemena Icaza; el capitán Ernesto Arosemena; el sargento Ramiro Coco; el sargento Francisco Diez; el cabo José Thompson; Antonio Jiménez; Juan A. Porras y Sergio Pérez, clarín de órdenes. La tragedia marcó un antes y después en el Cuerpo de Bomberos y en la ciudad. Los miembros, luego de esta prueba, asumieron un rol más dinámico como garantes de la seguridad de los edificios y de todo tipo de actividad social en nuestra ciudad e igualmente fortalecieron la organización y la formación de nuevos integrantes.

El Dr. Belisario Porras, presidente de la República, en su intervención en el Cementerio Amador ante la tumba de los héroes caídos, dijo que “el acontecimiento, aunque constituía un luto para el país, era un elocuente ejemplo para enseñanzas de la posteridad, porque los héroes que habían ido al sacrificio daban una lección y habían hecho la revelación de que sus jefes supieran templar sus corazones”.

Enrique Geenzier, en una poesía titulada Guirnalda, en memoria de los héroes y mártires del 5 de mayo de 1914, decía: “La vida no es la vida que vivimos; la vida es el honor, es el recuerdo. Por eso hay muertos que en el mundo viven y hombres que viven en el mundo muertos”.

Nuestros mártires, hoy como ayer, siguen viviendo en cada miembro del Benemérito Cuerpo de Bomberos de la República de Panamá que, año tras año, cada 5 de mayo, realizamos actos en sus memorias y al llamado de sus heroicos nombres decimos “Presente”.

A un año del centenario de esta gesta heroica, ante los retos de la necesidad de mantener la prevención como símbolo fundamental para proteger vidas y bienes en un país en pleno desarrollo económico, estamos seguros de que el Gobierno Nacional y el director general, coronel ingeniero Pablo Tuñón Vejas, así como los oficiales, clases y bomberos de la República nunca nos olvidaremos de quienes ofrendaron sus vidas por el bienestar de nuestro amado pueblo.

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