DESPILFARRO

La bolsa del PAN: Berna Calvit

Busqué en el diccionario la palabra “mangajería” que tanto usamos en Panamá para referirnos al descuido en el vestir, los modales, las tareas, etc., tema que tenía en mente para este escrito, pero no está registrada. En el DRAE aparece “mangajo” como de uso en Ecuador para la “persona despreciable”; “mangajón” es el “que lleva un vestido destrozado”. El Diccionario del Español en Panamá, de Margarita Vásquez, registra “mangajería” con el significado de “descuido”, que ilustra con el fragmento de mi artículo sobre la corrupción, “Lo que no se achica” (La Prensa 25/6/2007): “El proceso abierto en su contra seguiría en el limbo judicial, como tantos otros casos. La falta de controles (eufemismo para calificar la mangajería administrativa...)”. En el escrito dije que, en cambio, las bolitas de tamarindo, antes tamaño bola de golf, se redujeron a tamaño canica como preparadas con la “chiquitolina” que usa el Chapulín Colorado. En aquellos días se descubrió “por chiripón”, gracias a un delincuente apresado, que en la Policía Técnica Judicial un inspector hacía negocio alquilando y vendiendo armas a delincuentes nacionales y extranjeros, las que sustraía de la armería de la PTJ. Lo que sucedió al descubrirse el asunto “encaja perfectamente en una antología de lo insólito”, dice el artículo, que también comenta la confesión de un funcionario del Servicio Marítimo Nacional (SMN) apresado, de la venta de información a “barcos pesqueros” sobre la ubicación y movimientos de las patrulleras del SMN. Siete años después me pregunto cómo habrán terminado aquellos casos; no sería raro que como muchos, en el limbo judicial, gracias a los jueces que engavetan los casos, a veces por “sustanciosa$” razones o por no atreverse a desafiar órdenes superiores. ¿Me preguntaré dentro de unos años en qué quedaron las denuncias públicas del exjuez Alexis Ballesteros de que, presionado por el Ejecutivo, falló contra la perredista Balbina Herrera por “violación a la privacidad del presidente Martinelli, al divulgar correos electrónicos con conversaciones entre él y empresarios italianos vinculados a Finmeccanica”? Y que por la misma razón falló a favor en procesos relacionados con el conspicuo miembro del “círculo cero”, Gabriel Btesh, con la intervención directa de Salo Shamah, exdirector de la Autoridad de Turismo de Panamá y de cuatro magistrados. El revuelo por las declaraciones de Ballesteros duró un par de días, otra llamarada de capullo, periódico de ayer.

La preocupación por la posibilidad de que caigan en el limbo judicial lo que están revelando las investigaciones sobre el manejo del erario, que desplazó la mangajería como tema. Es de tal magnitud la corrupción, que no veo cómo el gobierno Varela podría dejar escapar la oportunidad de devolvernos la fe en la honestidad de los gobernantes. El despilfarro de cientos de millones de dólares se logró con una maquinaria movida desde lo alto con bien aceitado engranaje, la cinta de producción corriendo sin tropiezos, asegurada al final con la firma de la complaciente contralora Bianchini.

Hasta la aparente mangajería fue planeada para confundir los rastros. Los datos iniciales de Rafael Stanziola, nuevo director del Programa de Ayuda Nacional (PAN) (La Prensa, 5/9/2014), revelan que ese foco infecto manejó mil 200 millones de dólares; buena parte fue usada para la campaña electoral; la otra parte, según los datos que están apareciendo, en negociados de altos funcionarios, sus familiares y amigos.

También “metieron mano” empleados públicos en mandos medios, jefes de compras, alcaldes, representantes de corregimientos y “entren que caben cien”. Y que no se hagan los desentendidos los comerciantes y “empresarios” cómplices en todos estos delitos; también a ellos debe exponérseles públicamente. En algunos casos los negocios se hicieron como los hacen las prostitutas: antes de prestar sus servicios la plata por delante; si los negocios “quedaban a medio palo” o no arrancaban no era problema, ya el dinero estaba “del lado de acá”. En cinco años de gobierno Martinelli el mercadeo oficial fue de $274.8 millones. El tesoro era ubre generosa para el ordeño que sacrificaba las necesidades reales y básicas de grandes sectores de la población. Había tanto dinero para robar que enloquecieron.

En el horno del PAN (recomiendo leer “Diez razones para cerrar el PAN”, Carlos Gasnell, La Prensa 3/9/2014) se preparaban truculentas recetas de burdos o refinados chanchullos; la Asamblea Nacional dispuso en cinco años de 522.5 millones de dólares; en 2013 el bufonesco Chello Gálvez, que a todo ciudadano con sentido de pudor debe avergonzar, dispuso de 141.4 millones de dólares. Sale pus donde se pone el dedo; hicieron piñatas con turbias concesiones de toda naturaleza (juegos de azar, ambulancias, dañinos cambios de zonificación y de explotación de recursos naturales, etc.).

Varela tiene un gran reto: honrar su palabra de castigar a los corruptos e impedir que en su gobierno germinen las malas semillas sembradas en administraciones anteriores y en la gestión de Martinelli, que se alza con el triste honor del primer lugar. El gobierno actual empieza lastrado por la corrupción y prometió combatirla. Sería un buen comienzo cerrar la bolsa del PAN que tanto interesa a casi todos los diputados por razones ya conocidas. Creo, como dijo el francés Alexis Leger, Nobel de Literatura, que “La democracia, más que cualquier otro régimen, exige el ejercicio de la autoridad”.

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