RECUENTO

Lo bueno, lo malo y lo feo de una Cumbre: Daniel R. Pichel

Ya pasó una semana desde el final de la VII Cumbre de las Américas, y echando a un lado el entusiasmo del momento, vale la pena hacer un repaso de lo vivido esos tres días.

Entre lo bueno, destaca lo bien organizado que estuvo el evento. A pesar de que se cuestionó el tiempo de preparación, el resultado fue positivo, al menos para quienes lo vimos desde afuera. La presentación del país fue sobria, de buen gusto y con una elegancia que debe enorgullecernos.

La imagen del país también se vio fortalecida. Panamá volvió a lucir como el lugar donde se buscan soluciones a las diferencias. Por supuesto, el acercamiento de Cuba y Estados Unidos (EU) contribuyó a consolidar esa imagen de Panamá como Estado mediador. En ese sentido, el presidente, Juan Carlos Varela, como moderador hizo buen papel, siendo consecuente con la ocasión.

Otros “ganadores” durante el encuentro fueron los presidentes Barack Obama y Raúl Castro. El presidente de EU no perdió oportunidad para ofrecer su mejor cara. Hechos tan supuestamente irrelevantes como cruzar la puerta de una esclusa sin escolta cercana, sonreído, con lentes de sol y con el saco al hombro, muestra que EU se siente cómodo con un Canal manejado de manera eficiente y segura por los panameños. Durante su discurso, hizo alarde de sus conocidas habilidades de orador, cuando, sin perder la compostura y sin expresión alguna de disgusto, le dijo al presidente de Ecuador que no le parecía correcto que una sola persona decidiera si la prensa es buena o mala. Igualmente, cuestionó las quejas de Venezuela sobre intromisión en sus asuntos al pedir que se liberen los líderes opositores, al utilizar el ejemplo de cómo el mundo entero protestó la detención de Martin Luther King por considerarlo un tema de violación de derechos humanos.

El presidente Castro era una de las incógnitas del encuentro presidencial. Por primera vez participaba en uno de estos foros y nadie tenía claro qué ocurriría. Quedó claro que Raúl Castro no es como su hermano. Fidel siempre se caracterizó por el histrionismo, que compartió con líderes regionales como Hugo Chávez, Omar Torrijos, Eva Perón y demás dictadorzuelos latinoamericanos. El “compañero Raúl” dio un discurso comedido, con lógicas referencias a la revolución, pero sin mencionar violaciones a derechos humanos o libertades en la isla. Rompió magistralmente el hielo con una broma, para matizar el grueso de su intervención con referencias históricas y una clara apertura al diálogo para buscar puntos confluyentes. Entiende que las diferencias con EU son profundas, pero reconoce en Obama a una “buena persona” con quien se puede conversar.

Lo peor de la Cumbre, a mi modo de ver, fueron las imprudencias del arlequín venezolano Nicolás Maduro y de su colega argentina Cristina Fernández. Cada uno más impresentable que el otro. La presidenta argentina hizo el ridículo de manera memorable. Su intervención fue desordenada y sin ideas concretas. Al margen que citó a Obama diciendo justo lo contrario a lo que él había dicho, dando la impresión de que, o no lo entendió, o no le puso atención. Maduro, por su parte, no dejó de hacer el oso desde que pisó el país. Su visita a “Zorrillos” (como le llamó), estaba completamente fuera de lugar. Si él considera que opinar sobre sus presos políticos es inmiscuirse en asuntos de Venezuela, lo que él hizo no se aleja mucho de ser lo mismo. Luego, durante su intervención en la plenaria, se dedicó a atacar a EU con argumentos que parecían propios de las pataletas latinoamericanas de la décadas de 1970 y 1980, cuando los presidentes se reunían para rumiar sus amarguras alrededor de “la maldad de los gringos”. El odio fue tal que hasta volvió gringo a Eric Clapton.

Algo que merece una mención fue el impertinente “tuit” de Andrés Oppenheimer, insinuando que Panamá debía agradecer a Chávez y Maduro su desarrollo inmobiliario. Por supuesto, “la pelonera tuitera” subsiguiente no creo que la olvide nunca.

Lo feo del evento fue darnos cuenta de cómo hay países en Latinoamérica que no están preparados para lidiar con elementos tan propios a las democracias como la sociedad civil. El bochornoso espectáculo de la delegación oficial de Cuba y Venezuela, tratando de boicotear participación alguna de sus opositores en las discusiones, demuestra cómo su gran problema será reconciliar la sociedad cubana y venezolana, cuando ni siquiera aceptan el derecho de los demás a expresarse.

Por último, dos menciones puntuales. La manera como Copa Airlines consolidó su imagen internacional firmando un contrato con Boeing, usando de testigos a los presidentes Obama y Varela, y la excelente percepción que generó la vicepresidenta Isabel Saint Malo en cada una de sus intervenciones. Tuve oportunidad de conversar con algunas personas que visitaron al país para la Cumbre, y todos coincidían en el profesionalismo, aplomo e imagen de estadista que mostró la canciller durante todos esos días.

El balance para Panamá parece ser positivo. Ahora esperemos haya resultados concretos. @drpichel

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